"Me he sacado el carnet de manipulador de alimentos. Ya tengo a los plátanos y a las patatas totalmente en contra de las zanahorias."
jueves, 31 de julio de 2014
LA LOCURA
1) Uno de esos que no saben ser pro nada sino solo anti (antisistema, antifascista..) se dirigió hacia Carlos y le agredió en el metro sin mediar palabra. Iba vestido con un pañuelo palestino para cubrir su cara durante el ataque. Llevaba una pegatina con la bandera de Palestina que rezaba "Paz para el pueblo palestino" ...
2) Resulta que se había enterado leyendo un foro de sus enemigos naturales, los Skinheads nazis de su barrio, de que uno de sus lideres había aplaudido un comentario en redes sociales de Carlos y le había llamado "uno de los nuestros", motivo más que sobrado para considerarlo inmediatamente su enemigo al que tenía por tanto derecho a agredir..
3) El lider Skinhead había mostrado su acuerdo con la entrada de Carlos comentando a su vez que: "Tienes razón amigo. Veo que eres uno de los nuestros. Los judíos son lo peor. Estoy contigo. Sigh Heil!!." ...
4) La entrada de Carlos, la inicial, la que lo provocó todo, había sido furibunda e indignada, instintiva, enfurecida ante unas imágenes atroces que había visto de unos cadáveres de niños tras un bombardeo en Gaza. "¿Pero es que en Israel nadie va a poner algo de sentido común a esta locura?". No pretendía ponerse de parte de nadie, solo se quejó de la injusticia de un acto concreto. Sin embargo las presunciones, las ideas entendidas por paquetes, los enemigos "naturales" o "comunes" .. le costaron caro.
5) Paradógicamente un inocente comentario que defendía a los palestinos de la barbarie había completado el círculo vicioso de la locura.
lunes, 21 de julio de 2014
PERO ENTONCES..¿QUE C****** ES EL BANDISMO?
Como la violencia y la agresividad (o tal vez al ser razón última de estas), el "bandismo" es una querencia de nuestra condición. Una tendencia intrínseca al hecho de ser humanos que va de serie en nuestro instinto y a la que nuestro ADN ético nos indica que debemos hacer todo lo posible por resistirnos. Y sin embargo es tan fuerte en nosotros cultural y socialmente (puede que fisiológicamente o psicológicamente como una especie de impronta) que es fácil creer que nos es consustancial y que en realidad no debemos renunciar a ello o que no es un defecto sino una virtud (o cuando menos algo tan nuestro que no hay por qué plantearse luchar moralmente contra ello).
Soy de la opinión de que es un comportamiento aprendido más que algo instalado en nuestra psique desde antes de nacer porque también creo que hay sociedades en las que es menos pronunciado y otras (Sin duda la española) en que lo está de manera completamente enraizada.
No es una técnica en si mismo aunque hay personas tan hábiles que han detectado todo el potencial que tiene esta querencia del ser humano, esta cierta necesidad, y la explotan para sus intereses económicos o de poder e influencia (periodistas, medios de comunicación, políticos, religiones..) desarrollando, ellos si, una completa técnica para ello.
Tiene mucho que ver, o se deriva directamente, de la necesidad de comodidad de las personas, que, en una de sus primeras expresiones
se materializa en la búsqueda de refugio social en el grupo de los afines. Es por tanto un fenómeno sumamente social aparte de una querencia individual.
Como tal inclinación consiste en refugiarnos en el grupo de "los nuestros" por comodidad y afinidad. Se polariza y empieza a ser éticamente condenable cuando ese posicionamiento de refugio (comprensible) se convierte en enfrentamiento con el diferente, el que piensa de otra manera. Esa polarización en su manifestación más extrema es el dogmatismo, que llevado a la máxima expresión se convierte en fanatismo.
Se expresa en prejuicios, ideas preconcebidas y presunciones hacia los otros por su aspecto o elementos externos antes de haber determinado por si mismo sus opiniones sobre las diferentes cuestiones, derivación del resto de un corpus de ideas de una sola, etc.
La lástima es que se haya tan extendido que cuesta darse cuenta de que no es correcto y es asumido como muchos como aceptable y natural. Eso hace que sea tan fácil la manipulación usándolo como herramienta para mantener a gran parte de la población enfadada y distraída mediante la técnica (esta sí) de promover bandos enfrentados de distintos, fomentar la agrupación por oposición, la obediencia ciega, la disciplina de partido acrítica, etc.
Su antídoto es la individualidad inteligente y tamizadora de los estímulos externos hasta construirse su propia opinión sobre cada faceta de la realidad que la merezca.
Como tal inclinación consiste en refugiarnos en el grupo de "los nuestros" por comodidad y afinidad. Se polariza y empieza a ser éticamente condenable cuando ese posicionamiento de refugio (comprensible) se convierte en enfrentamiento con el diferente, el que piensa de otra manera. Esa polarización en su manifestación más extrema es el dogmatismo, que llevado a la máxima expresión se convierte en fanatismo.
Se expresa en prejuicios, ideas preconcebidas y presunciones hacia los otros por su aspecto o elementos externos antes de haber determinado por si mismo sus opiniones sobre las diferentes cuestiones, derivación del resto de un corpus de ideas de una sola, etc.
La lástima es que se haya tan extendido que cuesta darse cuenta de que no es correcto y es asumido como muchos como aceptable y natural. Eso hace que sea tan fácil la manipulación usándolo como herramienta para mantener a gran parte de la población enfadada y distraída mediante la técnica (esta sí) de promover bandos enfrentados de distintos, fomentar la agrupación por oposición, la obediencia ciega, la disciplina de partido acrítica, etc.
Su antídoto es la individualidad inteligente y tamizadora de los estímulos externos hasta construirse su propia opinión sobre cada faceta de la realidad que la merezca.
viernes, 13 de junio de 2014
EL SURREALISTA CASTIGO A LA DISCREPANCIA
El castigo a la disidencia respecto a lo esperable (para la estrecha mente bandista) es la más desquiciante de las respuestas bandistas. ¡¡Una monja manifestandose en contra de una situación generada por una medida política propugnada por los nuestros!!! ¡¡Que la echen, y la impidan vestir el hábito, y la rapen..!! ¡¡Por roja y por colaboracionista!!
Es estéticamente incomprensible, dificulta los encasillamientos futuros.. ¡¡imperdonable!! Punto.
viernes, 6 de junio de 2014
NUEVOS VIEJOS BANDOS
Ah, que es que había que ser Monárquico o Republicano. Por cojones. Había que posicionarse. Y si no lo hacías eras un pusilánime. Y claro, como la cosa es tan fundamental para el día a día, no podía dejarse para mañana.
Que resulta que un tema que era completamente anecdótico ayer es hoy el eje en torno al que debe girar todo. ¡¡Que paren las máquinas!! ¡Que las gentes dejen sus vidas para debatir esto! y que nadie haga nada hasta que quede resuelto (a mi gusto claro)
Y los unos no entenderán que no te subas a su carro con la vertiginosa energía revolucionaria y radical con la que hay que abrazarse a una causa tan justa y tantas veces reivindicada exhibiendo tus siete apellidos republicanos y tu pedigrí en el bando correcto de la guerra civil.. Y los otros considerarán que eres un tibio si no sales a la palestra a defender a quien tanto ha dado por la democracia y los españoles durante la transición identificando a la persona con la institución de manera interesada.
Que no se podrá entender que no te cause rabia un privilegio medieval sanguíneo por un lado, ni el revolver el pasado más olvidable de la reciente historia de España por el otro.
Que ninguno de ellos comprenderá que se puede preferir un sistema republicano a una monarquía sin hacer de ello la causa de tu vida ni parecerte mal en el fondo la cosa tal como está. Que admitiendo que la institución puede estar obsoleta y representar privilegios injustificados (o justificados en una razón difícil de entender en el siglo XXI) crees que hay frentes mucho mas importantes y urgentes a los que dar prioridad. Que no ser visceral en tus opiniones sobre el tema ni vehemente sino autocontrolado puede ser signo de madurez y conciencia de toda la realidad y sus consecuencias y no un gesto de tibieza.
En fin.. que como siempre y nuevamente por viejo que sea el truco (y en este caso el argumento)... si no estás con nosotros estás contra nosotros.. o peor.. eres un "indiferente"
El peor pecado.
lunes, 2 de junio de 2014
LA ESPIRAL
Vuelve. Con más fuerza que nunca .. o desde luego con una energía que hacía tiempo que yo no veía. Bien es cierto que suele repuntar tras las elecciones, sean estas a lo que sean, pero lo de este caso está siendo exagerado bajo mi punto de vista.
Vuelve la espiral inexplicable de la violencia verbal y los ataques gratuitos. Vuelve la visceralidad de los comentarios en las redes. Vuelven a necesitarse unos a otros para existir y la estrategia de tenernos enfrentados entre nosotros, posicionados en bandos opuestos, tensionados y cabreados. Y nosotros volvemos también a caer en su trampa.
Vuelve una determinada forma asquerosa de periodismo. Ese que se inventa conflictos inexistentes entre jugadores del mismo vestuario para poder seguir llenando espacios que de otra manera no se llenarían. Ese que ha hecho del rumor y de la noticia inventada (basada en enfrentar a dos supuestos bandos) la justificación de su existencia y que cree de verdad que se puede hacer cualquier cosa por seguir vendiendo.
Y vuelve a su terreno favorito, la arena política, donde más fácil es jugar a ese asqueroso juego (casi tanto como en la metáfora deportiva) pues los bandos están ya formados, los ánimos tensos y sólo hay que echar un poco de leña al fuego para que los rescoldos se reaviven y provoquen el esperable incendio. Y nosotros volvemos también a caer en su trampa.
Tras las europeas en lugar de fortalecerse en la idea que ha salido reforzada de que los partidos que quieren una renovación de la vida política (UPyD, Podemos, Ciutadans.. y si me apuras IU) están cayendo en su trampa de enfrentarles entre ellos.
Claro que hay diferencias entre ellos.Si no, serían el mismo. Pero les une su apuesta contra el bipartidismo y contra la actual concepción de la forma de hacer política en España. Les une su ilusión por reflotar esto y su confianza en el pueblo. Les une (aunque esto sea en si mismo bandista) el "enemigo común". Y están cayendo en el "divide y vencerás" que les tienden y favorece la debilidad de estos partidos.
No se trata de proponer una gran coalición (que tampoco es mala idea en términos de demostración de fuerza contra la corrupción y la instalación en la ineficacia y los privilegios) sino de cuando menos no tirarse piedras entre ellos. No hay por qué ir de la mano en todo sólo por el hecho de ser contrarios al bipartidismo dominante, hay buen número de ideas diferentes e incluso opuestas entre ellos, representan formas distintas de ver el país y proyectos políticos diferentes. Muchos planteamientos programáticos diferencian a "Ciutadans", de "Podemos", "UPyD" e "IU", ..pero algo les une: Nacen y están ahí por desafecto de millones de personas hacia la forma de hacer política de los dos grandes. Se espera de ellos impulso regeneracionista.
... Y sobre todo SE CONFÍA EN ELLOS, tanto a nivel institucional, como en sus motivaciones y en la honorabilidad y honradez de las personas que los forman, cosa de la que no todos los partidos pueden presumir.
No nos defraudéis. Ni caigáis en la trampa que os tienden periodistas interesados en vender aunque sea a costa de venderse o en ladrar los mensajes de sus dueños.
Vuelve la espiral inexplicable de la violencia verbal y los ataques gratuitos. Vuelve la visceralidad de los comentarios en las redes. Vuelven a necesitarse unos a otros para existir y la estrategia de tenernos enfrentados entre nosotros, posicionados en bandos opuestos, tensionados y cabreados. Y nosotros volvemos también a caer en su trampa.
Vuelve una determinada forma asquerosa de periodismo. Ese que se inventa conflictos inexistentes entre jugadores del mismo vestuario para poder seguir llenando espacios que de otra manera no se llenarían. Ese que ha hecho del rumor y de la noticia inventada (basada en enfrentar a dos supuestos bandos) la justificación de su existencia y que cree de verdad que se puede hacer cualquier cosa por seguir vendiendo.
Y vuelve a su terreno favorito, la arena política, donde más fácil es jugar a ese asqueroso juego (casi tanto como en la metáfora deportiva) pues los bandos están ya formados, los ánimos tensos y sólo hay que echar un poco de leña al fuego para que los rescoldos se reaviven y provoquen el esperable incendio. Y nosotros volvemos también a caer en su trampa.
Tras las europeas en lugar de fortalecerse en la idea que ha salido reforzada de que los partidos que quieren una renovación de la vida política (UPyD, Podemos, Ciutadans.. y si me apuras IU) están cayendo en su trampa de enfrentarles entre ellos.
Claro que hay diferencias entre ellos.Si no, serían el mismo. Pero les une su apuesta contra el bipartidismo y contra la actual concepción de la forma de hacer política en España. Les une su ilusión por reflotar esto y su confianza en el pueblo. Les une (aunque esto sea en si mismo bandista) el "enemigo común". Y están cayendo en el "divide y vencerás" que les tienden y favorece la debilidad de estos partidos.
No se trata de proponer una gran coalición (que tampoco es mala idea en términos de demostración de fuerza contra la corrupción y la instalación en la ineficacia y los privilegios) sino de cuando menos no tirarse piedras entre ellos. No hay por qué ir de la mano en todo sólo por el hecho de ser contrarios al bipartidismo dominante, hay buen número de ideas diferentes e incluso opuestas entre ellos, representan formas distintas de ver el país y proyectos políticos diferentes. Muchos planteamientos programáticos diferencian a "Ciutadans", de "Podemos", "UPyD" e "IU", ..pero algo les une: Nacen y están ahí por desafecto de millones de personas hacia la forma de hacer política de los dos grandes. Se espera de ellos impulso regeneracionista.
... Y sobre todo SE CONFÍA EN ELLOS, tanto a nivel institucional, como en sus motivaciones y en la honorabilidad y honradez de las personas que los forman, cosa de la que no todos los partidos pueden presumir.
No nos defraudéis. Ni caigáis en la trampa que os tienden periodistas interesados en vender aunque sea a costa de venderse o en ladrar los mensajes de sus dueños.
viernes, 23 de mayo de 2014
PERIO-BAN-DISMO
"Hace medio siglo recibí la más importante lección de periodismo de mi vida. Tenía 16 años, había decidido ser reportero, y cada tarde, al salir del colegio, empecé a frecuentar la redacción en Cartagena del diarioLa Verdad. Estaba al frente de esta Pepe Monerri, un clásico de las redacciones locales en los diarios de entonces, escéptico, vivo, humano. Empezó a encargarme cosas menudas, para foguearme, y un día que andaba escaso de personal me encargó que entrevistase al alcalde de la ciudad sobre un asunto de restos arqueológicos destruidos. Y cuando, abrumado por la responsabilidad, respondí que entrevistar a un político quizás era demasiado para mí, y que tenía miedo de hacerlo mal, el veterano me miró con mucha fijeza, se echó atrás en el respaldo de la silla, encendió uno de esos pitillos imprescindibles que antes fumaban los viejos periodistas, y dijo algo que no he olvidado nunca: “¿Miedo?... Mira, chaval. Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el alcalde a ti”.
Pienso en eso a menudo. Y últimamente, en España, más todavía. Ninguna de la media docena de certezas, de lecciones fundamentales que he ido adquiriendo con el tiempo, supera esas palabras que un viejo zorro de redacción dirigió a un inseguro aprendiz de periodista: Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el alcalde a ti. Todo el periodismo, su fuerza, su honradez, hasta su épica, se resume en esas magníficas palabras. En esa declaración segura de sí, casi arrogante, formulada por un humilde redactor de provincias.
Miedo, es la palabra. No hay otra. O al menos, no la conozco. Miedo del alcalde correspondiente, o su equivalente, ante el bloc y el bolígrafo, o lo que los sustituya hoy, manejados por una mano profesional, eficaz y honrada en los términos en que el periodismo puede considerarse como tal. He escrito alguna vez, recordando siempre a Pepe Monerri, que el único freno que conocen el político, el financiero o el notable, cuando llegan a situaciones extremas de poder, es el miedo. En un mundo como este, donde las ingenuidades y las simplezas de mecherito en alto y buen rollo a menudo son barajadas por los canallas, como instrumento, y creídas por los tontos útiles que ofician de ganado lanar y carne de cañón, ese es el único freno real. El miedo. Miedo del poderoso a perder la influencia, el privilegio. Miedo a perder la impunidad. A verse enfrentado públicamente a sus contradicciones, a sus manejos, a sus ambiciones, a sus incumplimientos, a sus mentiras, a sus delitos. Sin ese miedo, todo poder se vuelve tiranía. Y el único medio que el mundo actual posee para mantener a los poderosos a raya, para conservarlos en los márgenes de ese saludable miedo, es una prensa libre, lúcida, culta, eficaz, independiente. Sin ese contrapoder, la libertad, la democracia, la decencia, son imposibles.
Nunca en esta democracia, como en los últimos años, se ha visto un maltrato semejante en España del periodismo por parte del poder. Aquel objetivo elemental, que era obligar al lector a reflexionar sobre el mundo en el que vivía, proporcionándole datos objetivos con los que conocer este, y análisis complementarios para mejor desarrollar ese conocimiento, casi ha desaparecido. Parecen volver los viejos fantasmas, las sombras siniestras que en los regímenes totalitarios planeaban, y aún lo hacen, sobre las redacciones. Lo peligroso, lo terrible, es que no se trata esta vez de camisas negras, azules, rojas o pardas, fácilmente identificables. La sombra es más peligrosa, pues viene ahora disfrazada de retórica puesta a día, de talante tolerable, de imperativo técnico, de sonrisa democrática. Pero el hecho es el mismo: el poder y cuantos aspiran a conservarlo u obtenerlo un día no están dispuestos a pagar el precio de una prensa libre, y cada vez se niegan a ello con más descaro. Basta ver las ruedas de prensa sin preguntas, el miedo a comparecencias públicas, los debates electorales donde son los políticos y sus equipos, no los periodistas desde la libertad, quienes establecen el formato. Como si hubiera, además, que agradecerles la concesión. Y la sumisión de los periodistas, y de los jefes de esos periodistas, que aceptan ese estado de cosas sin rebelarse, sin protestar, sin plantarse colectivamente, con gallardía profesional, frente a la impune soberbia de una casta a la que, en vez de dar miedo, dan, a menudo, impunidad, garantías y confort.
Aterra la docilidad con la que últimamente, salvo concretas y muy arriesgadas excepciones, el periodismo se pliega en España a la presión del poder. Creo que nunca se ha visto, desde que se restauró la democracia, un periodismo tan agredido por el poder político y financiero. Y nunca se ha visto tanta mansedumbre, tanta resignación en la respuesta. Apenas hay afán por buscar, por investigar, excepto cuando se trata de servir intereses particulares. Entonces, para procurar munición al padrino que a cada cual corresponde o se ha buscado para sobrevivir, entonces sí hay luz verde, y hay medios, hasta que se topa con la línea roja correspondiente a cada cual: la banca, la telefonía, la publicidad, el nacionalismo correspondiente, la Iglesia, tal o cual sigla de partido, lo socialmente correcto llevado hasta extremos de estupidez. Y en pocos casos se trata de hacer reflexionar al lector sobre esto o aquello. Se trata, por lo general, de imponerle una supuesta verdad. Y ese parece ser el triste objetivo del periodismo español de hoy: no ayudar al ciudadano a pensar con libertad. Solo convencerlo. Adoctrinarlo.
España es un lugar con una larga enfermedad histórica que se manifiesta, sobre todo, en un devastador desprecio por la educación y la cultura, y una siniestra falta de respeto intelectual por quien no comparte la misma opinión. Por el adversario. Siempre creí, porque así me lo enseñaron de niño, que los únicos antídotos contra la estupidez y la barbarie son la educación y la cultura. Que, incluso con urnas, nunca hay democracia sin votantes cultos y lúcidos. Y que los pueblos analfabetos nunca son libres, pues su ignorancia y su abulia política los convierten en borregos propicios a cualquier esquilador astuto, a cualquier manipulador malvado. A cualquier periodismo deshonestamente mercenario.
Y así, con frecuencia, aquí todo asunto polémico se transforma, no en debate razonado, sino en un pugilato visceral del que está ausente, no ya el rigor, sino el sentido común. Apenas existe en los medios españoles un debate solvente político, social o cultural merecedores de ese nombre, sino choques de posturas. Diálogos de sordos, a menudo en términos simples, clichés incluidos, de derecha e izquierda. La presencia de nuevas formaciones políticas que buscan espacios distintos no varía la situación. Se sigue buscando situarlas en uno u otro de los tradicionales, como si de ese modo todo fuese más claro. Más definido. Más fácil de entender.
Destaca, significativa y terrible, la necesidad de encasillar. En España parece inconcebible que alguien no milite en algo; y, en consecuencia, no odie cuanto quede fuera del territorio delimitado por ese algo. Aquí, reconocer un mérito al adversario es tan impensable como aceptar una crítica hacia lo propio. Porque se trata exactamente de eso: adversarios, bandos, sectarismos heredados, asumidos sin análisis. Toda discrepancia te sitúa como enemigo, sobre todo en materia de nacionalismos, religión o política. Me pregunto muchas veces de dónde viene esa vileza, esa ansia de ver al adversario no vencido o convencido, sino exterminado. Y quizá sea de la falta de cultura. De ciudadanos simples surgen políticos simples, como los que muestran esos telediarios en los que, al oír expresarse a algunos políticos casi analfabetos (y casi analfabetas, seamos socialmente correctos), te preguntas: ¿Por quién nos toman? ¿Cómo se atreven a hablar en público? ¿De dónde sacan esa cateta seguridad, esa contumaz desvergüenza?... Sin embargo, la falta de cultura no basta para explicarlo, pues otros pueblos tan incultos y maleducados como nosotros se respetan a sí mismos. Quizá esa Historia que casi nadie enseña en los colegios pueda explicarlo: ocho siglos de moros y cristianos, el peso de la Inquisición con sus delaciones y envidias, la infame calidad moral de reyes y gobernantes.
Pues bien. Ese “conmigo o contra mí” envenena, también, las redacciones. Los veteranos periodistas recordarán que en los años de la Transición, y hasta mucho después, la línea ideológica, el compromiso activo de un medio informativo, los llevaban el quipo de dirección, columnistas y editorialistas, mientras que los redactores y reporteros de infantería, honrados mercenarios, eran perfectamente intercambiables de un medio a otro. Un periodista podía pasar de Pueblo al Arriba, a Informaciones, a Diario 16 o a El País con toda naturalidad. Incluso redactores de El Alcázar, la ultraderecha de la derecha, tuvieron vidas profesionales en otros medios. Ahora, eso es casi imposible. Las redacciones están tan contaminadas de ideologías o actitudes de la empresa, se exige tanta militancia a la redacción, que hasta el más humilde becario que informa sobre un accidente de carretera se ve en la necesidad de dar en su folio y medio un toquecito, una alusión política, un puntazo en tal o cual dirección, que le garantice, qué remedio, el beneplácito de la autoridad competente. Y ya que hablo de sucesos, está bien recordar que hasta los sucesos, los accidentes, las desgracias, son tratados ahora por los medios, a menudo, según el parentesco político más cercano. Según sea la militancia de los responsables reales o supuestos. Y a veces, hasta de las víctimas.
Apenas hay periodismo político real en España, sino declaraciones de políticos y cuanto en torno a ellos se genera. Raro es el trabajo periodístico que no incluye declaraciones de políticos a favor o en contra, marginando el interés del hecho en sí para derivarlo a lo que el político opina sobre él, aunque esa opinión sea una obviedad o un lugar común, o quien habla maneje mecanismos expresivos o culturales de una simpleza aterradora. Lo que cuenta es que el político esté ahí. Que adobe y remate el asunto. Hasta el silencio de un presidente o un ministro se considera noticia de titulares de prensa. Por modesta o mediocre que sea a veces, la figura del político asfixia a todas las otras. Hasta en la prensa local del más humilde pueblo español, las páginas abundan en politiqueo municipal, convirtiendo cualquier menudo incidente concejil en asunto de supuesto interés público. Los mecanismos internos más aburridos de cualquier formación política importante se examinan hasta el agotamiento. En mi opinión, las horas que un tertuliano de radio o televisión dedica en España a analizar la mecánica interna de los partidos no tienen equivalente en el mundo democrático
Todo eso agota al lector, al oyente, al telespectador. Lo aburre y lo expulsa del debate, haciendo que vuelva la espalda a la política, haciéndolo atrincherarse allí donde las palabras reflexión y lucidez desaparecen por completo. Tampoco ayudan a ello las voces que en ocasiones el periodismo pone sobre la mesa, como algunos tertulianos y opinadores profesionales alineados con tal o cual postura, o que han ido readaptándola cínicamente en los últimos 40 años, de modo que antes de que abran la boca ya sabes, según el individuo y el momento, lo que van a decir. Del mismo modo que reconoces tal o cual emisora de radio, en el acto, por el tono de sus intervinientes, aunque ignores el nombre de estos. Igual que con alguien en la calle, a los pocos minutos de conversación, sabes exactamente que periódico lee o que emisora de radio escucha.
Para cualquier lector atento de varios medios, es evidente que el periodismo en España se ha contaminado de ese ambiente enrarecido, de ese sesgo peligroso que tanto desacredita las instituciones en los últimos tiempos y del que son responsables no solo los políticos, ni los periodistas, sino también algunos jueces demasiado atentos a los mecanismos de la política, el periodismo y la llamada opinión pública. Y tampoco la crisis económica contribuye a las deseadas libertad e independencia. La inversión publicitaria pasó de 2.100 millones de euros en 2007 a menos de 700 en 2013. Eso aumenta la tentación de cobijarse bajo los poderes establecidos, y el periodismo como contrapoder se vuelve un ejercicio peligroso. Por sus propios problemas, algunos medios deciden no ir contra nadie que tenga poder o dinero. Y surge otro serio enemigo del periodismo honrado: la autocensura. Cuando el redactor jefe, en vez de animarte, te frena. Nos gusta ver en las películas cómo periodistas intrépidos consiguen la complicidad y el aliento de sus superiores; pero eso, aunque por fortuna ocurre a veces, no es aquí el caso más frecuente. No se practica con igual entusiasmo en las redacciones, más atentas a notas de prensa de gabinetes que a patear el asfalto. Y así, los partidos, las grandes empresas de la banca, las comunicaciones y la energía, entre otras, aprovechan la dependencia de los medios para dar por supuesta, cuando no imponer, la autocensura en las redacciones.
Supongo que habrá soluciones para eso. Posibilidades de cambio y esperanzas. Pero no es asunto mío buscarlas. No soy sociólogo, ni político. Apenas soy ya periodista. Solo soy un tipo que escribe novelas, que fue reportero en otro tiempo. Y hoy, puesto que aquí me han emplazado a ello, traigo mi visión personal del asunto, parcial, subjetiva, que pueden ustedes olvidar, con todo derecho, en los próximos cinco minutos. La transición del papel a lo digital, los productos de pago en la red, la eventualidad de que nuevos filántropos, capital riesgo y empresarios particulares unan sus esfuerzos para hacer posible un periodismo solvente y de calidad, son posibilidades ilusionantes que sin duda serán abordadas por quienes aún creen que solo un periodismo que pide cuentas al poder, en cualquier forma de soporte inventada o por inventar, tiene futuro. Esa es, y será siempre, la verdadera épica del periodismo y de quienes lo practican: pelear por la verdad, la independencia y la libertad de información pagando el precio del riesgo, en batallas que pueden perderse, pero que también se pueden ganar. Haciendo posible todavía, siempre, que un alcalde, un político, un financiero, un obispo, un poderoso, cuando un periodista se presente ante ellos con un bloc, un bolígrafo, un micrófono o lo que depare el futuro, sigan sintiendo el miedo a la verdad y al periodismo que la defiende. El respeto al único mecanismo social probado, la única garantía: la prensa independiente que mantiene a raya a los malvados y garantiza el futuro de los hombres libres."
Arturo Pérez Reverte
EL PAIS - Sociedad
22-5-14
Sobre miedo, periodismo y libertad
jueves, 8 de mayo de 2014
SE NOS VA DE LAS MANOS
La que han montado algunos porque en libro para escolares de seis años al hablar de Lorca se dice que "murió en Granada" y al hablar de Machado que "..se fue a Francia".
Alegan estas mentes clarividentes que eso niega le memoria histórica y adoctrina a los infantes en una visión de la realidad sesgada.
Es evidente. A ningún niño español de seis años debería ocultársele el vital dato de que Lorca fue asesinado por homosexual e intelectual de izquierdas, en una cuneta tras un paseillo infame, ni la trascendental circunstancia para su vida de que la salida de Antonio Machado no fue voluntaria sino a un exilio forzoso.
Si hace falta aclarar que ambas circunstancias me parecen gravísimas es que alguien es gilipollas. Mi postura personal está mucho más cerca de sus planteamientos ideológicos y de lo que representan que de los que los fusilaron o los hicieron huir. Y me parece vital que los españoles conozcan su historia, entera.
Lo que discuto es la necesidad de tal grado de aclaración para niños (Y niñas. Hay que usar el lenguaje de un modo políticamente correcto) de seis años.
El grado de fanatismo es tal en algunas cuestiones que se nos va la pinza y no medimos el alcance, las verdaderas dimensiones, del tema. ¡¡Que no estamos hablando de si estuvo bien o mal asesinar a Lorca!! (faltaría más).. Ni nadie está justificando lo injustificable (Haría falta ser muy mezquino para ver en estas líneas algo así) o asumiendo posicionamientos políticos de ningún color o bando.. ¡¡Que solo se pide sentido común y no perder la perspectiva ni el sentido de la proporción!
¡¡Que es que no han parado hasta que Anaya ha retirado del mercado los libros citados por poner lo que ponía!!
¡¡Que es que en las afirmaciones "Lorca murió en Granada" y "Machado se fue a Francia" no hay mentira ninguna y menos para un niño de seis años.. Las explicaciones más serias y de calado pueden venir (deben) .. pero yo creo que pueden esperar unos años.. creo.
No hay que ser idiota. Si se puede evitar. Que no siempre se puede.
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