viernes, 19 de mayo de 2017

LA CONTRAETIQUETA


Es muy común, por lo que se ve, caer en el error de contraetiquetar. Llamo así al acto reflejo que lleva a cabo mucha gente de manera automática consistente en adjudicarte un bando de pertenencia por acción-reacción. Si has criticado algo es que eres del extremo opuesto. Y sin embargo merece la pena detenerse momentáneamente en analizar este fenómeno para no darlo por hecho y para no permitir que seamos víctimas del mismo.

Bob Woodward y Carl Bernstein (Y el mismo Washington Post) fueron tachados de afines al partido demócrata por hacer bien su trabajo, ser objetivos y pillar a Nixon en un renuncio que le obligo a dimitir en el caso Watergate. A la Juez Alaya se la alistó en las filas conservadoras por perseguir eficazmente al PSOE en el caso ERE. Si manifiestas tu repulsa por los casos de corrupción en la Comunidad de Madrid alguien rápidamente te encuadra en el PSOE o en PODEMOS. Cuando pones una carita de enfado en un comentario que te parece traído por los pelos por exagerado en la defensa feminista de la igualdad de oportunidades recibes de inmediato el golpe del/la hater/troll de turno que te tacha de machista. Es una estrategia manipulativa sumamente frecuente esta de contraetiquetar. Y eficaz por lo que se ve.

Y no. No por oponerte a algo o criticarlo eres del bando contrario.
La realidad no es polar aunque así sea mucho más sencillo entenderla para los simples y más fácil presentársela para los manipuladores. Hay toda una escala de grises entre el blanco y el negro en la que situarnos (aparte del derecho a que no nos sitúe nadie).

No por hacer una crítica opuesta al nacionalismo regional has de ser un centralista jacobino o un españolista ultra. No por reírte de un meme protagonizado por alguien de un color eres de los del color contrario. No por considerar que no fue penalty sobre Neymar es que eres del Madrid.