miércoles, 13 de julio de 2016

TRIVIALIZACIÓN DE LA LEALTAD



No soy, en general, nada partidario de lealtades corporativas. Creo más en lealtad a las personas y a las ideas que a los grupos o a los símbolos que los representan, aunque he llegado a entender su significado.

Me eduqué, aunque a muchos les parezca viejuno, en un código cuyo primer artículo ensalzaba la lealtad. No es una forma de hablar. Era mi código de cabecera cuando niño y mi pensamiento y forma de ser le deben mucho a aquella ley que adopté como personal de manera voluntaria y no impuesta. Por ello me molesta tanto que se trivialice algo para mí importante aunque para tantos sea algo superado por antiguo.

Porque la lealtad se ha frivolizado hasta hacerla irreconocible desde su concepción originaria y válida (al menos para mi) y ahora se ha confundido con adhesión inquebrantable y acrítica so pena de ser tachado de traidor por el colectivo que te la exige. Ciega sumisión a lo que me digan que debo pensar por el hecho de adscribirme a un grupo.

Y es que para mí la esencia de la lealtad es la bidireccionalidad, y veo estupefacto que para muchos se entiende en una sola dirección.

¿Por qué se entiende que hay que demostrar lealtad a uno de los tuyos cuando ha hecho algo mal? ¿No se le debería exigir lealtad a este en lugar de a los demás? Lealtad con la marca que ha manchado, con el grupo y sus símbolos, con sus componentes. 
Yo creo que el desleal ha sido el que ha actuado falto de ética. Ha sido desleal con el colectivo pues con su actuar ha manchado su imagen. Ha sido desleal pues gracias a su actuación el grupo entero sufre desprestigio y son sus miembros particulares los que deberían sentir vergüenza de su "compañero" pues lo ha perjudicado en lugar de defenderlo.

Pues no. Hay que defender a los míos hagan lo que hagan. Para eso son los míos y los demás el enemigo. La incongruencia bandista ataca de nuevo. Es el corporativismo malentendido.

Siempre he dicho que la mejor política anticorrupción para un partido político no es cerrar filas en defensa de su antiguo compañero sino al contrario personarse como parte perjudicada. Pero ya sé lo iluso de creer que el único interés en juego es el prestigio del partido o de sus afiliados. Es mejor defender a capa y espada al que es de los tuyos aunque le sepas culpable. Ya lo dice el credo legionario: "Defender al compañero con razón o sin ella". Nunca entenderé las poses agresivas de la mejor defensa el ataque de quien rápidamente muestra apoyo al que actúa mal solo por ser de los suyos en lugar de dejar de considerarle así en el momento en que actúa mal. Nunca comprenderé las imágenes de apoyo a la puerta de la cárcel a Vera y Barrionuevo, a los médicos con sus batas o a los jueces con sus togas defendiendo a sus corporativos compañeros hayan hecho lo que hayan hecho solo por ser de los suyos y luego ya veremos lo que hizo, los tuits de "Sé fuerte", las masas moviendo banderitas haciéndole el pasillo al podrido, los aforamientos para defender a la Barberá de turno, la piedad con el compatriota que delinque en otro país solo por ser español, las campañas en apoyo del defraudador..

No es desleal el que reniega del traidor al grupo sino este antes. No me deshonro yo por deslealtad por no dar mi apoyo al que de entre los míos se sale de la norma, sino él a mi. No hay que defender al que mancha y perjudica sino excluirlo para que no contamine su podredumbre a la marca y a la imagen. Al compañero que hay que defender es al que actúa en la legalidad y la ética. No al otro.

Así entiendo la lealtad yo. No en otra forma. En dos direcciones. No solo en una. Quien debería haber sido leal es él conmigo, no ahora yo con él. Y si no lo fue me liberó de mi deber de serlo yo ahora con él.

Y así en todo.

Y ya.

lunes, 30 de mayo de 2016

LOS "PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DEL BALÓN"



Corría el año 1918. Aquel verano el patriarca de la poderosa familia Rotschild recibió una misteriosa convocatoria. A la misma acompañaba una relación de otros invitados el encuentro. Se le citaba para tratar "asuntos de la máxima importancia" en la villa austriaca de Bildelberg. Intrigado por la presencia en aquella lista de invitados de los nombres de alguna de las testas coronadas de Europa y de, lo que era incluso más importante, los de los industriales más ricos del mundo, decidió aceptar la invitación.

Este es un extracto de las actas de la mencionada reunión:

".. A la vista de la sangría en vidas de nuestros trabajadores y mano de obra en general que la gran guerra está suponiendo y resueltos a detener tal pérdida de recursos para nuestras potencias y empresas resolvemos:

..que a partir del fin del siguiente conflicto que tenemos previsto para el periodo 1939-1945 y que, aparte de sernos de sumo interés ya se encuentra en una fase de preparación imposible de detener, introduciremos en las costumbres del poblacho nuevos medios de dirimir diferencias y canalizar la violencia y agresividad que hasta la fecha tan bien nos ha venido para lo que reconduciremos las tensiones y enfrentamientos locales y nacionales a nuevos espacios distintos de la guerra.

Para ello nos valdremos del nuevo invento que tan rápido se está extendiendo entre las clases populares llamado foot-ball y que tan buena acogida está teniendo.

Haremos de esta manera un gran servicio a nuestras comunidades evitándoles el gratuito derramamiento de sangre (o al menos lo reduciremos a puntuales peleas entre los aficionados) que sin duda se nos agradecerá sin saber que está motivado por espurios intereses. Todo ello lo haremos derivando así la natural agresividad de nuestros ciudadanos hacia otras vías de escape. A nadie se le esconde que lo hacemos por supuesto en nuestro beneficio para enfrentarnos así al enorme coste en vidas que para nuestra cadenas de producción están teniendo las guerras pasadas, actuales y las que tenemos previstas para el futuro cercano.

Esta medida junto a la creación de ejércitos profesionalizados que se hagan cargo de nuestras guerras sin robarnos los medios humanos de la población civil permitirá aumentar las ganancias en nuestra cuenta de resultados hasta que se materialice nuestro próximo reto orientado a la robotización completa de las cadenas de producción.

También es evidente que de este nuevo invento llamado balón-pie podremos hacer uso para tener controlados a los mandos intermedios mediante la corrupción que llevará aparejada la construcción de los necesarios espacios para su desarrollo y visionado, las concesiones de lugares para los campeonatos así como de los derechos de retransmisión por el nuevo invento que permitiremos que vea la luz acabada la segunda gran guerra y llamaremos "visión-lejana". Ello servirá a nuestros intereses en un segundo frente al que llamaremos en nuestro plan "alienación de las masas" y que, gracias a la distracción, nos permitirá hacer nuestra voluntad sin excesiva presión de los sindicatos, soviets y organizaciones de trabajadores que se verán incapaces de superar la falta de motivación en la defensa de sus posiciones ante el atontamiento de los afectados.

El foot-ball será la nueva forma de guerra entre pueblos y naciones, entre ciudades, entre vecinos. Una forma menos cruenta y más civilizada que permitirá reducir las muertes de la población asalariada y proletaria, y así dejará de preocuparnos este aspecto en la producción..."


viernes, 29 de abril de 2016

DIFERENCIAS ENTRE AGITADOR Y POLEMISTA


Salvador Sostres es una agitador, como Inda o Sánchez-Dragó.. Pérez-Reverte es un fino polemista. Umbral lo era hasta que decidió cambiar de bando. Le resultaba más rentable. Pablo Iglesias, Donald Trump, Berlusconi son agitadores políticos. Errejón tiene más actitud de polemista. Ese reparto es más antiguo que el mundo, poli malo poli bueno, Aznar-Ávarez Cascos, Zapatero-Pepiño Blanco, Felipe González-Alfonso Guerra..

Otros lo intentan pero se quedan en el camino alcanzando gran notoriedad como meros imbéciles que es el escalón inferior siquiera al agitador. Véase por ejemplo a nuestro insigne Willy Toledo.

Se puede ser polemista siendo descarnado en lo que dices. Se puede incluso ser ofensivo e insultante. No está reñido. ¿Entonces? Si la diferencia no es la elegancia ni la dureza o no del mensaje (Verbi gratia este mismo texto)..¿cual es?

Aparte de que en mi clasificación hay una connotación negativa en los meros agitadores y mi predilección por gente como Artuto Pérez-Reverte (En su forma de expresarlas, no tanto o al menos no siempre, en el fondo de sus opiniones), creo que la separación está en el interés. La diferencia entre el agitador y el polemista reside en mi opinión en una cuestión de actitud al exponer una idea. De gestualidad pero sobre todo de intención. Si al hacer tu comentario o declaración buscas algo que te interese eres un agitador. Si simplemente estás dando tu opinión sin buscar nada más eres un polemista.

Los agitadores actuales se encuentran en las tertulias y en los partidos políticos, cada uno tiene el suyo oficial en nómina. Últimamente están en ambos escenarios. Hasta el punto de que se confunden y parecen el mismo. Los agitadores se reconocen porque están claramente interesados en que les sigan llamando para el siguiente programa para seguir cobrando el pastón que les pagan o servir a su jefe desarrollando su talento de "malmete". Por eso dan lo que se les pide. Carnaza. Carroña. Eso es el interés. Eso es ser un agitador. También los hay que simplemente se divierten creando malestar y soltando sus idioteces que saben que van a molestar a alguien creando incomodidad y ofensa, que no polémica. Los agitadores tertulianos son los peores bandistas. Por divertidos que nos resulten a veces su oficio es deleznable: cabrear. 

Reconocerás a un polemista porque opina sin interés. Puede ser pedante, incluso soberbio (a veces en más de un sentido) pues transmite que no busca convencerte ni venderte su idea, sino solo exponerla. Tú la compras si quieres. No le importa si lo haces o no. No le importa si te convence. No quiere que le llamen al día siguiente, no se vende. Expone su punto de vista. No depende de su opinión, ni en la forma más o menos pintoresca de darla, su salario.


Los mejores están abiertos al dialogo e incluso a dejarse convencer de tu idea si es diferente a la suya y se ve respaldada por argumentos. No siempre es así. 


Sin embargo los agitadores solo están interesados en crear mal ambiente, en dejar mal cuerpo, sin promover la exposición de ideas y menos su intercambio. Solo quieren molestar a alguien, ser mediocres y ofensivos porque ahora está muy bien pagado. Y los peores son los dañinos gratuitos. Los que se gustan molestando (aunque mejor si cobran). Se esconden bajo el disfraz de políticamente incorrectos, de superiores a los que no les importa por encima de quien pasen a cambio de su derecho a la libertad de expresión (Como si su opinión nos importara en su asqueroso complejo de superioridad) y el de la posibilidad de exponer su punto de vista, pero solo son carroña provecta. La peor ralea. Enfadadores y tensores profesionales.


La polémica bien entendida es conversación entre quienes no están de principio de acuerdo en algo. Un agitador es lo que toda la vida se ha llamado un "tocapelotas", un "cizañero". A veces reconozco que mola serlo, solo por gusto, por reventar a los políticamente correctos, pero como actitud vital y más como forma de ganarse la vida, es patético y asqueroso. La puntualidad de un gesto agitador concreto de vez en cuando es divertida (verla en otros y llevarla a cabo uno mismo) e incluso sana para el equilibrio mental y para romperle la cintura a los meapilas y tiquismiquis legionarios de las filas del correctopolitismo. Pero la pose continua es inaguantable, como lo es la del condescendiente supuesto intelectual maldito subido a su atalaya moral desde cuyo púlpito nos castiga con sus postulados dogmáticos e intransigentes. Se refugian en la agitación como metodología vital y concepto, en un "Yo lo contrario" continuo y cansino. Se sienten así cómodos y al menos valorados en esa esfera, seguidos por su cohorte de "#unodelosnuestros". Es triste final para unos fracasados cuyo ego se disfraza de superioridad en un vano intento de hacernos creer de forma intensa y jartible que la culpa de todos sus males la tiene cualquiera menos ellos mismos. Desconsiderados niños de papá mentales mimados, maleducados y creídos con un problema de gestión del fracaso personal. Misma patología curiosamente que llena las consultas de los terapeutas de críticos de cine y de literatura varios.
En la polémica hay elegancia de dialogo, respeto a la postura del otro, en la agitación fealdad, griterío, imposición, malas maneras y desconsideración. No digo que no sea divertido oirles pero es como oír un chiste escatológico; gracioso pero zafio.

En el populismo que apela a lo instintivo y visceral hay mucho de agitación, en la buena política (y el buen periodismo de opinión) de polémica.

De siempre tuvo razón el sabio (elegante como buen polemista) que sostuvo que era mucho mejor la mezcla que la agitación. No solo en el Vodka con Martini, también en las ideas.


Y ya.

martes, 29 de marzo de 2016

EL SINDROME GROMENAGÜER


"No podemos dejar de agradecer al preclaro autor de "Si te gustan las rubias eres un machista" por su visión clarificadora y su excelente sentido divulgativo. Esta obra abordó en su momento, más aún, sistematizó y aclaró al profano en un lenguaje comprensible para cualquiera, una de las actitudes vitales más imbricadas en la psique humana: la querencia manipuladora a asignar bandos de pertenencia a las personas por prejuicios y etiquetas sin base.

En opinión de este modesto filósofo y sociólogo doméstico el talento de esta obra radica en su formato desenfadado y su ironía retorcida, pero sobre todo en la forma en que acierta retratando los recovecos más secretos del alma en lo referido a ceder a nuestros primeros impulsos en el trato social.

Y, más que nada, en su continua actualidad, en la aplicabilidad constante e inmediatamente reconocible de los locos principios en que basa su "teoría de la Estrategia de bandos".

Estos días atrás mirando la realidad nacional a través de la ventana privilegiada de la prensa no podía evitar acordarme de sus líneas, y acometo hoy la tarea de contribuir al decálogo que el autor inventa con mi propio "Síndrome" por su evidente relación con la teoría general bandista.


Siguiendo el estilo de aquellas líneas he bautizado al mismo como "Síndrome de Gromenagüer, de contagio por aproximación ideológica (aun momentanea) o principio de identificación copiativa por relación -contacto tangencial-".


Se trata de la curiosa relación que establece el bandista en su relato al conectar a quien toca un objeto las cualidades del objeto tocado. Se aplica a los casos en que el bandista entiende/presume las características de la persona con que alguien se relaciona a este último, adjudicando a una persona los rasgos de otra por el hecho de tener una relación de algún tipo con aquella. Se extienden de esta manera las cualidades o defectos del "contactado" aunque sea tangencialmente sobre el sujeto que le ha "tocado" a modo de contagio de caracteres personales.


"Pedro Sánchez es un radical pues se quiere reunir con Podemos"

"Albert Rivera es de derechas pues mantiene al PP en la Comunidad de Madrid"
"La proetarra Carmena que pertenece a un partido que en Euskadi no condena suficientemente el terrorismo"
"Pablo Iglesias claramente es un independentista pues simpatiza con el nacionalismo catalán"

Es la vieja teoría de "Si es amigo de X que es azul es que el también es azul" o "Si no quieres que te acusen de ser A no tengas contactos con los que son A"


Y yo me pregunto ¿Cuales son los límites? ¿Cuándo cree la persona que piensa de esa manera que deja de estar contaminado alguien por contacto? ¿Al cabo de cuantos roces deja de apreciarse el efecto?


Si, por ejemplo, Podemos apoya con su voto en un Ayuntamiento Guipuzcoano una iniciativa de Bildu (que como todos sabemos no ha condenado tan tajantemente como se quiere la violencia etarra del pasado), y luego el PSOE se sienta a negociar con ellos, que es el mismo PSOE que gobierna en Andalucía con los votos de investidura de Ciudadanos.. ¿Se puede decir que estos últimos son peligrosos terroristas separatistas?


¿Cuantos contactos intermedios ha de haber habido para que el rastro genético del bandismo se pierda? ¿Cuantos se requieren para que se difumine el elemento contaminante? ¿A cuantos pacientes ha de infectar el contagioso virus antes de perder su fuerza?"



Texto encontrado en un cuaderno de los tirados por el suelo en la habitación de Ignatius J. Reilly

jueves, 25 de febrero de 2016

¡¡HAY QUE JARTIBLE!!



Cansino, pesado, aburrido..

Oír estos días la radio o ver la tele es así: Plúmbeo. El discurso aceptado está lleno de clichés y etiquetas a las que nos instan a adherirnos so pena de ser tomados por "de los otros" a la mínima de cambio. Mensajes sencillos como memes dispuestos para ser rebotados por el ciber espacio hasta la extenuación o hasta que nos den la siguiente directriz e instrucción. Políticos y periodistas de uno y otro bando (que triste lo de los periodistas oiga) se esmeran en repetir los argumentarios venidos de arriba de manera machacona hasta el hastío. Las frases manidas, consignas, ideas fuerza y lemas para idiotas que esos mismos idiotas se encargan de hacer eco como voceros sin cerebro solo porque se las dictan los suyos y creen que es su deber por lealtad, disciplina de voto, férrea fidelidad ciega, o lo que sea que sienta la gente sin criterio propio. Ideas paquetizadas a aceptar en conjunto como si no estuvieran compuestos los bloques por principios con los que se pueda estar de acuerdo o en desacuerdo de una en una. Frases para simples, infantiles incluso, para que hasta el más bobo las entienda y pueda repetirlas y hacerlas suyas o valer para reconocer al que no esté de acuerdo identificándole como uno de los otros.

!!Que no pasa nada por dar la razón a otro aunque sea parcialmente si crees que la tiene!!

Hemos asistido en vivo y en directo a la muerte del pensamiento crítico, individual y libre. Nos toman por imbéciles. Igual porque hay mucho suelto y por extensión nos engloban a todos los demás. En el abonado campo de la pereza intelectual crecen sin problema estas semillas del bandismo y la ignorancia. Pensar por uno mismo es cansado y por eso tienen éxito estos lemas diseñados para que los idiotas los repitan hasta la saciedad en las ruedas de prensa, las redes, las conversaciones de café y taxi. Frases repetidas y reconocibles como un eco que resuena por las calles rebotando en cada ignorante que las vuelve a repetir. Emitidas como mantras por los supuestamente tuyos para que las re-envíes sin pensar si estás de acuerdo o no con ellas. 

.. A ver, ..repita conmigo: 33,.. "Son la marca blanca del PP", "Quieren una Venezuela aquí", "No vamos a apoyar a nadie que no seamos nosotros", "Sólo cabe un gobierno de progreso", "Hemos ganado las elecciones", "Es esta una propuesta progresista y reformista", "Somos el partido más votado", "Ya se han hecho casta", "Asumimos la responsabilidad de dar el paso adelante", "Es la izquierda radical y antisistema"....¡Vayanse todos a tomar pol c***!

Que hartazgo. Que falta de calidad en el debate, en el intercambio. Que falta de capacidad de reconocer en el otro buenas ideas. Qué lástima que el discurso se reduzca a un "Ni lo leas siquiera. TODO lo que digan ellos NO. Sea lo que sea". Como una negativa básica "Nunca cedas", aunque en el fondo sepas que no haces lo correcto. Eso sería darles puntos. 

¿Es que no hay quien en política piense por sí mismo sin necesidad de que le dicten lo que tiene que pensar desde arriba? ¿Capaz de discernir cada idea de una en una sin necesidad de aceptar o rechazar los paquetes en bloques completos o por de quién o de qué bando vengan? ¿Por qué no se puede decir con esto estamos de acuerdo y con esto oro no?

No les importamos nada. Y la verdad menos. Sólo el interés. El suyo.

Y ya.

viernes, 19 de febrero de 2016

CORPORATIVISMO ESQUIZOIDE



Otro que está en la iglesia más por "pertenecer" a un bando y tener claro quienes son los suyos y quienes sus enemigos que por el mensaje originario. 

Antes de seguir y para saber de lo que hablo te sugiero que leas con mentalidad abierta y crítica esta entrada. Luego hablamos.

¿Qué tal? ¿Cómo te quedas?

¿Tú también piensas que alguien no se ha leído las bienaventuranzas? ¿Que se perdió el día que hablaban en religión de lo del perdón y otras fruslerías que fundamentaban el mensaje de Jesús? ¿Tú también crees que España es el país con más católicos nominales y menos católicos practicantes?

Me remito a una pedante auto-cita en "Si te gustan las rubias eres un bandista", que para eso lo escribí en su momento y viene muy a cuento. Y así me ahorro crear de cero de paso.


"Rizando el rizo del corporativismo erróneo:

De entre los efectos dañinos de la aplicación de la “Presunción de Hopkins” hay un fenómeno que siempre me ha llamado mucho la atención. Kowalsky lo denominó en 1997 “Proceso de rizamiento corporativo” y se ha dado como forma de distorsión del “bandismo” a lo largo de la historia (de ahí lo de rizamiento, por lo de “rizar el rizo” de un vicio sobre otro).
Consiste en que un colectivo, que nació originariamente de un conjunto de ideas en las que sus miembros estaban de acuerdo (su “programa” o “ideario”), termina olvidando estos principios para quedarse únicamente en el grupo mismo. Incluso se da el meta-rizo de generar con el tiempo otro “corpus” de ideas que en la mayor parte de las ocasiones tiene poco que ver con el original. Pierden en el camino su esencia inicial por completo pero mantienen la fuerza formal del grupo. Paradójicamente a menudo estas instituciones basan su existencia y legitimación en la tradición. De hecho en mi opinión todas las estructuras humanas que perduran en el tiempo terminan sufriendo este proceso en mayor o menor medida. A este itinerario por el que se sustituye “esencia” por “supervivencia” lo suelen llamar eufemísticamente “evolución”. Muchas entidades son irreconocibles con el paso del tiempo respecto a la razón por la que nacieron, pero sus componentes se enorgullecen de su pertenencia al grupo y consideran su enemigo a quien se declare contra los postulados que ahora defienden, aunque ya no tengan nada que ver con el ideario del que surgieron.

Cuando Federico Jiménez Losantos tenía un programa matutino en la cadena COPE de vez en cuando recibía alguna crítica de oyentes que consideraban ciertos posicionamientos y expresiones demasiado agresivas. Alguno consideraba poco cristiana alguna actitud o comentario especialmente ofensivo o incluso incitador al enfrentamiento. No le faltaban sin embargo defensores, que le daban su apoyo casi al instante con argumentos cuando menos curiosos. En una ocasión oí considerar “anticatólico” a quien criticara al periodista. Una vez se estaba tratando en antena la corrupción que iba ligada al urbanismo y un oyente crítico se manifestó contra la actitud del director del programa calificándola de “innecesariamente maleducada”. A los pocos minutos otro oyente muy indignado con la intervención anterior “recomendaba” al primero, por decirlo suavemente, dejar de oír esa emisora si no le gustaba lo que se defendía en ella (en realidad dejaba entrever su enfado porque entre los oyentes de esa cadena hubiera “disidentes”). Acabó calificándole de presunto “abortista”. En el colmo del “ricismo” invitaba a abandonar la iglesia católica (apostatar) si no se estaba de acuerdo con opiniones del periodista sobre política nacional (en materia económica, sobre negociación con ETA, aborto, etc.). Aquel fue un magnífico ejemplo de ”rizamiento corporativo”. Se hablaba de expulsar del grupo a quien no estaba de acuerdo con el actual dogma (aunque este iba contra el inicial que dio razón de ser al grupo, en este caso el cristianismo original -Recordemos la importancia que tiene en la línea editorial de esta emisora  la Conferencia Episcopal-).

Cualquier observador neutral se da cuenta de que muchos de los actuales postulados de la iglesia católica no serían compartidos por los cristianos originales [1]. Se ha llegado al momento (hace muchos siglos) en que el grupo es más importante que las ideas que le dan soporte y que lo que importa es defender a la institución diga lo que diga. Quien ataca a uno de los míos me ataca a mí. La estructura es mi bando y los que no estén de acuerdo son “los otros”. Por tanto son el enemigo y he de convencerles de su error y convertirles. Y si no se dejan .. vencerles y someterles. ¿Y que tiene esto que ver con los valores predicados en el “Sermón de la montaña”? Nada, pero a los ojos de alguno el simple hecho de usar este ejemplo ya me califica como anticlerical y por tanto de “enemigo”.

Este axioma se cumple casi a rajatabla en el mundo de las religiones. Por proximidad de la que más puedo opinar es de la que ha sido mayoritaria en mi entorno. Aunque la imagen esté un poco gastada es verdadera y gráfica. Muchos participantes activos en ritos de la iglesia católica no creen en el mensaje de Jesús y sin embargo se sienten formando parte de un grupo al más puro estilo bandista (por tradición familiar, por afinidad social, por inercia..). Una buena parte de ellos defiende a “los suyos”, sus “tradiciones” y el nuevo mensaje completamente distorsionado respecto al original, sin el más mínimo espíritu crítico y sin buscar la conexión con los valores que le dieron razón de ser al nacer.
Gente que se considera en el lado correcto del espectro moral se asquea de la cercanía de la pobreza al salir de misa. Anualmente miles de celebraciones por toda España como bautizos, bodas y comuniones tienen más que ver con la adscripción a un grupo o la posibilidad de demostrar poderío económico y apariencia, que con la creencia espiritual. Participar como cofrade en las procesiones de Semana Santa o sacar a la Virgen del Rocío no son para muchos manifestaciones religiosas sino tradiciones locales. Hay incluso quien no ve relación directa entre lo uno y lo otro (¿Qué tendrá que ver, verdad?). La pertenencia a una confesión y la celebración de sus sacramentos es para mucha gente más una cuestión social que de trascendencia. Es más importante el refuerzo del grupo, el “sentirte entre los tuyos”, hacer lo que hagan, cumplir las normas convenidas, que el mensaje que le daba razón de ser originariamente. Todos lo sabemos. La jerarquía también, pero reconocerlo reduciría capacidad de poder e influencia. [2]

La manifestación más grave de esta distorsión la tenemos en la violencia con apellido religioso: el terrorismo “islamista”, los enfrentamientos nacionalistas en Irlanda entre “católicos” y ”protestantes”, los actos delictivos cometidos desde algunas siglas de la “Democracia Cristiana”, el papel aglutinante que los “bandos” religiosos han tenido en la historia de la guerra y la tragedia, etc. Es como poner una bomba y reivindicarlo en nombre de la paz. Kafkiano.






[1] Que se lo expliquen a los franciscanos, a los representantes de la teología de la Liberación, a los grupos católicos de base tachados de rojos, a los colectivos gays cristianos...
[2] No tengo porque explicar, pero lo hago, que convivo frecuentemente con católicos coherentes a los que admiro por vivir en su día a día el mensaje de Jesús. Eso me legitima precisamente a ser muy crítico con los que lo tergiversan y manipulan para sus intereses arrogándose la bandera de ser buenos católicos, cuando en realidad no han entendido nada, pero a los que compartir el corporativismo de un símbolo que les ayude a identificar a los suyos y discriminar a los otros les es suficiente.