jueves, 4 de junio de 2015

LA PAUTA DE NEWBERRY

Falacia número 10:                         Generalización: A para el caso X, luego A para todo lo que se parezca a X.
PAUTA DE NEWBERRY
(o  GENERALIZACIÓN ABSOLUTA)

“- El otro día fue el juicio contra el tío que me atracó por la calle y tuve que testificar. Estaba aquí sin papeles y le van a devolver a su país. Me parece bien.
-   Ya veo. Estas a favor de la expulsión de los inmigrantes.”

Enunciado: Dada la opinión A para el caso X, A será aplicable por extrapolación en cualquier caso que se le parezca.

- El bandista, con intención de demostrar tu incoherencia, manipulará el argumento que expresaste en una ocasión aplicándolo a una situación completamente distinta de aquella o generalizándolo para todos los casos que en su opinión se la asemejen.-

Ejemplo:
“ ..Pero ¿vas a aceptar ese ascenso? No, si yo lo digo porque te he oído decir más de una vez que en esta empresa hacía falta ser un imbécil y un pelota para que te ascendieran…”

El autor y su teoría:

El 12 de enero de 1987 marca el inicio de la carrera de Adam Mortimer Priest (de quien nunca se supo por qué le llamaban “Newberry”) como “cazador de incoherencias”. Tras ser el afortunado ganador de un premio de 125.000 dólares de la lotería del estado de Kansas su mente hizo finalmente “chack” y perdió la razón. Gracias a la fortuna recién adquirida pudo abandonar a su mujer y a sus hijos en la granja de mofetas que regentaba y dedicarse a cumplir su sueño. Se diseñó su propio uniforme de superhéroe, una mezcla entre su pijama favorito y sus mallas de running regalo publicitario de la marca Budweiser. Montado a bordo de su Lincoln granate del 82 recorrió el país a la caza y captura de incongruencias personales. Había reunido durante toda su vida un total de 12 voluminosos álbumes de recortes. Contenían declaraciones inconexas sin mas vínculo entre ellas que el de haber sido hechas por alguien y publicadas en algún periódico. No trataban sobre ningún tema en particular, ni eran de nadie concreto. Solo frases convertidas en titulares. “Nadie escucha al agricultor americano medio”, “los horarios comerciales deberían flexibilizarse”, “empecé a coleccionar bolsas de basura en los 70”. Su locura tenía método, dijeron años después los médicos que le trataron en su internamiento. Tras una pequeña investigación de cada persona (que a veces le costó una demanda por acoso dado que nunca fue muy hábil para esconderse en sus vigilancias y que las hacía disfrazado con su “uniforme”) se dirigía (así vestido) a las puertas de toda América y enarbolando ante su emisor el titular correspondiente en cada caso le echaba en cara su incoherencia personal.

-          ¿Es usted el James Lowat que el 8 de Julio de 1985 hizo ante un periodista del “Independence Chronicle” la siguiente afirmación: “las fresas de Wisconsin son las mejores del mundo”? Porque si es así le sugiero que replantee sus prioridades, amigo. No se puede presumir de consumir productos americanos y luego comprarse un coche coreano como el que le he visto aparcado a la entrada… ¡Ja![1]

Durante los seis años que duró su encierro en la institución mental “Brokenbrains” Newberry se dedicó a volcar sobre 876 rollos de papel higiénico su ingeniosa teoría. En ella defiende su ya famosa “pauta” según la que considera justificado convertir en reglas generales, aplicables a todo caso, las afirmaciones pensadas y proyectadas sobre situaciones concretas. Se trata del criterio de “aplicación rigurosa” o de “coherencia continua”. Según ello una afirmación tuya aplicada a un caso específico y particular siempre se podrá entender como regla universal que se puede proyectar sobre cualquier caso (aunque la analogía esté pillada por los pelos). Toda opinión expresada se convierte automáticamente en regla general universalmente aplicable a todo lo que te ataña aunque no tenga nada que ver con la situación que la originó. Se considerará probado que pretendías que la afirmación valiera para todos los casos sin distinción. Esta idea se expresa delicadamente en el eufemismo “elevar la anécdota a categoría”.

Para quien actúa según esta mentalidad las ideas no pueden ser concretas (válidas para un caso específico). Siempre son universales o generales aun cuando nacieron para una situación. La “Pauta de Newberry” ha funcionado siempre como puerta de entrada para el “Teorema de López del Río” de agrupamiento de Ideas y al “etiquetado indiscriminado”. Se entiende generalmente que se puede extrapolar a un tema más amplio una opinión local sobre un tema menor. Que quien opinó A en una ocasión sobre una cuestión circunstancial y anecdótica debe sostener las mismas razones cuando haya que aplicarlas a un tema de mucha mayor trascendencia aunque solo se asemeje tangencialmente.

“- Perdona, creí entenderte que tú también odiabas a los negros.
- ¿Por qué?
- Cómo dijiste que aquella vez en el metro uno te había pisado pensé que..”


Usos falaces:

la “Exigencia de Coherencia”:



Se trata de la manera más malévola de usar esta presunción que aplicaba tan curiosamente Newberry. Quien la utiliza echa en cara al interlocutor que no tenga una línea única en su discurso, que tenga vaivenes, que defienda unas veces una cosa y otras otra.

“Lo que no puedes hacer es defender cada vez una cosa distinta según te interese. No puedes decir ahora que las mujeres no son inferiores a los hombres cuando en el colegio tirabas a Ana de la coleta.”

La exigencia de coherencia es muy ruin cuando se usa maliciosamente y de forma mezquina. Es una de las más descaradas trampas dialécticas. Pone en relación técnicas que ya hemos estudiado al venir acompañada habitualmente de tergiversaciones (“Yo te he oído decir en más de una ocasión que…”) y deducciones sacadas por agrupamiento de ideas. Sin embargo como juego dialéctico mola. Mi mejor amigo es un auténtico experto en esta técnica y continuamente intenta sacarme de mis casillas usándola conmigo. Incluso se ha especializado en usarla humorísticamente porque sabe que me molesta de manera especial. La encadena a tácticas bandísticas muy depuradas en frases como “Claro, ya salió el fascista que llevas dentro. Con eso que acabas de decir me demuestras que vosotros los sociatas tenéis mil caras” (bandismo, frentismo, agrupación, etc..). A veces tengo que reconocer que el muy capullo[2] me hace dudar de mis propias posturas.

Y al contrario:
Es también muy curioso el uso que se hace de esta falacia en el ámbito político. Se utiliza de manera retorcida (y doblemente falaz por tanto) para justificar cambios de opinión. Estos “replanteamientos” son muy frecuentes por otra parte en la vida parlamentaria y la tarea de gobierno y oposición. Así no es raro ver a un político defendiendo la “incoherencia” entre sus decisiones o actuaciones (o entre las unas y las otras)  señalando que “lo que se dice para un caso no tiene por qué valer para todos los casos”. Estos argumentos suelen intentar esconder un interés. Si me beneficia digo una cosa y si me perjudica la contraria.

“Respetamos las decisiones del Tribunal Constitucional”
                        (Siempre que diga lo mismo que nosotros).

Así actuó el PP respecto a la sentencia sobre el Estatut de Cataluña pero no respecto a la de Bildu. Rizar el rizo es una expresión que se queda corta para definir la jugada de argumentar que si la guerra de Irak fue una guerra injusta, la intervención en Afganistán también lo debería ser, ergo ambas son justas. Conclusión evidente.

“Sacar frases de contexto”
Una forma refinada de usar esta técnica es aquella a través de la cual se hace pensar al receptor de la opinión descontextualizada (al oyente, lector, espectador..), que se quiso decir algo distinto a lo que realmente se dijo. Se les da muy bien a algunos becarios que hacen sus prácticas en periódicos en verano. Tras una hora de entrevista dejan tus declaraciones en cinco líneas bajo un titular entrecomillado que pierde todo su sentido fuera del conjunto de la conversación. Me lo han hecho varias veces haciéndome quedar como lo que no soy. Como si hubiera afirmado lo que no dije. 

Generalización desde la presunción:
Pero si elevar a general una idea expresada para un contexto concreto está mal, no digo ya hacerlo de una idea ni siquiera expresada sino solo presumida (por ejemplo por agrupación, tergiversación..). Si es aberrante generalizarla a todos los casos cuando su emisor la construyó pensándola aplicable solo al caso al que se refería, extrapolar una idea que se deduce es enfermizamente bandista. Lo sostenido para un caso no tiene por qué valer para todos. Cada situación tiene sus propias circunstancias condicionantes.

Por ello hay que tener cuidado con lo que se dice pues luego habrá ”Luises” que lo usen en tu contra aplicándolo a otros casos (“Nunca digas este cura no es mi padre” o “ De esta agua no beberé”). También hay que tenerlo con el “Efecto Adams” (Resultado de multiplicación exponencial del resultado por acumulación de falacias operando entre si) ya que si se parte de esta base se entenderá –por agrupación de ideas- que en otros temas tu opinión será una concreta y se generalizará a ejemplos análogos.

La concreción desde la idea general:
Hay que vigilar especialmente la perversión que supone precisamente lo contrario de la generalización absoluta. Por defender una idea general el “bandista” presumirá que siempre estarás de acuerdo con toda consecuencia que se derive de ella aplicada al caso concreto aunque sea aberrante. Por ejemplo expresar la creencia en la democracia como sistema y extrayéndose de tal afirmación consecuencias malévolas.





[1] Se trata de la reproducción literal del texto que consta en la denuncia que hizo Mr. Lowat en la oficina del Sheriff local para justificar por qué había entrado a por su escopeta para echar a aquel chiflado del jardín de su casa.

[2] En armenio y bactriano en el original.

lunes, 6 de abril de 2015

EL MOTOR DE LA VIDA (SOCIAL)


Me rindo. No puedo con ellos. Los gruñones han ganado la partida. Los enfadados crónicos han vencido. Salvador Sostres rules. Inda manda. Los cabreadores profesionales y los cizañeros han sembrado su semilla tan bien sembrada que ya no recordamos cuando las cosas no eran así. Cuando no tenía más razón el que más gritaba ni el que más ofendía ni el que más interrumpía a los demás al hablar. Nos pasamos años, décadas, durante y tras la transición, enseñando en los colegios y en la educación no formal "hábitos democráticos" (os lo juro, se llamaban así) para que lo poco que teníamos asentado vengan estos y en un pis-pas se lo carguen. Me siento ridículo pensando la cantidad de horas que dedicamos a plantar y regar actitudes como el respeto a los turnos, a la palabra, el rol del moderador, la educación, las ideas de otros, la empatía, la asertividad, la positividad, la deportividad, el espíritu constructivo, el trabajo en equipo, el tono en la conversación, lo constructivo de escuchar, la importancia del consenso, de ceder a veces... Media hora de tertulia de mierda y se van años al garete ante ese ejemplo. Esa es la forma de hablar ahora, esa la de exponer ideas y la de convencer. Bueno no. Ya ni se trata de convencer. Ni siquiera de imponer o demostrar el error del otro. Es más importante el dogmatismo de que mi pensamiento quede por encima. Es dialogo de consumo rápido, de titular. De hablar tú el último o de impedir con tus gritos que se oiga al otro. Es Roncero pegando voces e insultando a una señora por ser del Barca. 

El número de energúmenos crece exponencialmente. Si te pitan desde otro vehículo tienes muchas posibilidades de que el sujeto o individuo te esté insultando a voces desde dentro del cubículo. Hay un cierto tipo de comportamiento en redes que ya tiene nombre propio y se acepta: son los trolls. Existen solo para desfogar su ira y malmeter. La crispación es regla. Y eso se aprende.

Estamos cabreados. Hay motivos. Pero no lo estamos por ellos sino como pose, como actitud social. Curiosamente los que sí manifiestan su enfado por motivos razonables lo hacen así..razonablemente. Los otros son meros voceros, palurdos gritones, verduleras de mercadillo. Y es normal (en términos estadísticos. No lo justifico, me parece imperdonable) porque eso es lo que se ve y lo que se aprende. Ese es el modelo y ejemplo. Es lo que se escucha en las calles, en los debates políticos, en los partidos de fútbol, en el periodismo, en el entretenimiento, en las redes sociales. Antes podías resistirte. Cambiabas de canal. Ya no. Estamos invadidos. El enfrentamiento y la tensión lo es todo. La dialéctica es la filosofía que reina. La religión no es mensaje de paz sino posicionamiento contra otros. Ha alcanzado un nivel hipnótico del que es imposible abstraerse. No hay conversación sin posturas antagónicas y enemigas. La diversión se concibe solo si hay oposición entre bandos. Anoche vi un programa cuya fórmula exitosa consistía en insultar a un invitado. Y no eran ofensas suaves, sino crueles, duras, salvajes, dolorosas.

Han ganado. Punto.

Y ya.





viernes, 6 de marzo de 2015

EL DILEMA OWENS

El departamento de sociología aplicada de la Universidad de Lofotenn publica estos días en revistas de gran prestigio científico los resultados de un estudio acerca de la idiotez humana. En este caso el objeto de estudio es la tesis de que los hay más tontos que otros, y en concreto se centra en el dilema que le genera al bandista tener que elegir entre dos de sus clichés cuando la realidad los contrapone.

El Doctor Kovachech, profesor de esa Universidad, coordinador del estudio y gran aficionado a las miniaturas de barcos en botellas, ha dado en llamar a este comportamiento "Dilema de Owens". Y no ha sido porque sí, porque le molara o le diera el punto por ahí. No. No vayan a creer que los científicos le van poniendo nombres a lo loco a las cosas. Ellos, como los policías con los casos que investigan o los meteorólogos con las denominaciones de los huracanes y tifones, siguen estrictas reglas de naming.

Efectivamente. El nombre elegido tiene su aquel. Y es que el primer caso constatado del citado dilema se dio en un sujeto de estudio que se presentó en un frenopático de Misouri en 1936. A Andrew Fillmore tuvieron que ingresarle un día de aquel verano en la institución mental aquejado de una extraña dolencia. Hasta allí le llevaron (a caballo) sus compañeros del capítulo local del Ku-Klux-Klan. Aún vestía, como ellos, los ropajes ceremoniales. Y con la capucha y el resto de la parafernalia le encerraron en la sala acolchada. Solo le pusieron encima la camisa de fuerza. Le impidieron entrar en ella, esos si, con la antorcha que, como sus compañeros, empuñaba en la mano derecha entre convulsiones. Por si se autolesionaba o algo.

¿Y cuales eran los síntomas que presentaba el paciente? 

Básicamente su cerebro había hecho chack. Había dicho "hasta aquí hemos llegado". No había aguantado más. Las tensiones de sus extremismos etiquetadores le habían pasado factura.

Tras apalear a un par de chavales negros y quemar unas cruces una vez acabado su ritual de los viernes por la tarde, sus amigos y él se habían dirigido a la cantina a celebrar sus andanzas. Allí habían hablado de los avances que se producían en Europa para su causa. La supremacía blanca defendida por un nuevo partido que ahora gobernaba Alemania les alegraba. También habían brindado con whisky casero por su país al que amaban por encima de todas las cosas. Los cánticos y las honras a su bandera se habían sucedido hasta altas horas de la noche.

En esas estaban cuando alguien encendió el aparato de radio que había sobre el aparador. Una voz narraba las pruebas olímpicas que en ese instante se desarrollaban en suelo berlinés. Describía el estadio con admiración. "Ese tipo del bigote, el que dice que los arios son superiores a las demás razas, sabe lo que se hace." se decían unos a otros con gesto afirmativo. 
La carrera de 100 metros lisos, la reina de las olimpiadas, iba a dar comienzo. La voz emocionada a través de las ondas fue enumerando los nombres de los corredores y las nacionalidades. Había varios americanos en la final. Cuando se oían sus nombres aquellos racistas en una misera cantina de un pueblo de Misouri alzaban sus copas entre hurras sintiendo el orgullo de su nación y patria bien representado a miles de kilómetros. "Vamos a machacarlos a todos" se decían. 

Sonó la pistola. Comenzó la carrera. 

Y en un abrir y cerrar de ojos acabó. 

Silencio. Expectantes, los miembros del Klan miraban aquel aparato deseando oír el nombre de su país como ganador de la prueba más importante de las olimpiadas. El momento histórico que pondría a su gran nación a la cabeza de las del mundo, humilladas ante su bandera, como Dios quería.

Y así fue. El locutor exultante gritó emocionado el nombre del ganador. ¡Un americano!
¡Y vecino suyo!.. Un tal Jesse Owens. Los gritos y abrazos de aquellos fantoches se sucedieron, corrió la cerveza. Saltaban y bailaban poseídos del frenesí del orgullo patrio que solo tienen los fanáticos nacionalistas.

Hasta que alguien pidió silencio..y la voz del aparato repitió:

"Con una aplastante superioridad ha ganado el corredor norteamericano Jesse Owens, un joven de color cuyo nombre pasará a la historia"

Y ya