jueves, 7 de marzo de 2019

REALIDADES PARALELAS


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Hasta hoy no lo había entendido pero esta madrugada he tenido una epifanía que me lo ha aclarado todo, así que me acabo de levantar aún con la idea fresca a escribirlo para que no se me olvide nada. 

Siempre me había causado cierta frustración no entender de qué se hablaba  cuando se decía lo de los universos múltiples o realidades paralelas. Cuando leía sobre física cuántica y teoría de cuerdas y allí se decía que con ello se abría la posibilidad a la existencia de una gran diversidad de dimensiones simultaneas nunca lo había entendido. La idea de mundos que convivían en el tiempo, realidades distintas aun siendo una sola, única y la misma era para mi tan incomprensible como la Santísima Trinidad. Cuando leía cómics en los que los personajes se movían entre distintas dimensiones, mundos en los que pasaban cosas distintas a la vez pero en el mismo entorno y con las mismas personas, aquello escapaba a mi comprensión. Se podía pasar a través de un agujero negro a otros universos en los que vivía la misma gente en las mismas ciudades pero pasaban cosas distintas en cada uno. Eran realidades paralelas, nunca tangentes. Similares pero que no llegaban a tocarse nunca y que no tenían posibilidad de llegar a conocerse pues ello trastocaría las unas por influencia de las otras. La concreción de todas las múltiples posibilidades que podían haber sido. Gatos de Schrödinger, visiones del Dr. Manhattan, si y no a la vez, vestidos que son al tiempo blancos y azules.. Conceptos demasiado complejos para mi entendimiento. Hasta hoy.

Y ha sido gracias a la radio. He oído una entrevista. Se trataba del reciente conflicto entre cazadores y ecologistas por la paralización de la caza en Castilla y León hasta la resolución de un procedimiento por el Tribunal Supremo. Intervenían sucesivamente un representante de los cazadores y un portavoz de un colectivo ecologista. Ha sido iluminador, clarificador.. A pesar de que se trataba una misma cuestión la falta de empatía más absoluta y el dogmatismo de cada interviniente impedían lograr puntos de tangencia (y ya no te digo de convergencia). No solo es que no fueran capaces de llegar a campos de acuerdo o de reconocer verdades objetivas si no eran acordes a sus intereses, no es que no se escucharan siquiera, no que estuvieran oyendo al otro y pensando que estaba equivocado.,.. es que hablaban como en idiomas distintos. Es que aunque hablaban de la misma realidad parecían estar hablando de realidades diferentes. Es que partían de premisas (ambos desde posturas irrenunciables que les impedían entender al otro) tan completamente diferentes y rocosas que configuraban realidades distintas aunque el nombre del asunto fuera el mismo.

Era curioso oírles diciendo cosas como “pero.. estaremos de acuerdo en que..” y notar en el otro interlocutor el espacio de silencio que denota a quien no está entendiendo de qué se le habla siquiera.

Es lo que tiene hablar sólo con los tuyos (en este caso con otros cazadores o con otros activistas medioambientales). Reduce tu campo de visión hasta hacerte pensar que solo eso es la realidad y fuera de ella no existe nada.

Y ello es reconocible en los posicionamientos en todo el espectro. En política, entre partidos, entre nacionalistas y no nacionalistas, entre activistas del feminismo y defensores del statu quo, del aborto libre y del derecho a la vida, del orgullo gay y del matrimonio homosexual vs mentalidades más conservadoras, en todo tema de debate, en las conversaciones ordinarias..

No es que haya un nuevo paradigma, una nueva forma de relacionarse o de intercambiar. Es que la nueva forma de estructurar el pensamiento es crear mundos paralelos, compartimentos estancos en los que no dejamos entrar al discrepante con nuestra visión. Creernos tanto en posesión de la verdad absoluta e indiscutible (literalmente) y negarnos la posibilidad de ponernos siquiera en los zapatos del otro un momento para tratar de entenderlo y llegar a acuerdos. Es la justificación de la polarización:

 “Tengo razón y si no se dan cuenta los demás peor para ellos. El peso de esa posesión de la verdad es tan abrumador que me siento en la potestad de hacer lo que me venga en gana. Ello me da licencia para saltarme la necesidad de negociar, acordar.. o siquiera la de tratar de convencerlo. Puedo ahorrarme el paso intermedio. Ello me permite saltarme la ley si no está de acuerdo con mi punto de vista, imponer mi idea, crear pensamiento único que haga sentirse mal a quien piense distinto, apartarle apestado e incluso insultarle, presionarle y hasta criminalizarle, e incluso obligar a los demás a actuar bajo mis premisas. Allá ellos si no lo ven tan claro como yo. Yo tiro y el que no esté de acuerdo que arree.”

..Y vale para todo y para todos (Y todas).

Y ya.

martes, 12 de febrero de 2019

DE FLUIDOS Y OTROS JUEGOS DE PALABRAS FILOSÓFICOS DE BAJA ESTOFA


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Que me pillas hoy heraclitoriano (que no es una tipología orgásmica femenina aunque vaya de fluidos) y me ha dado por repasar su "Armonía de los contrarios" y su concepción de la realidad como eterno movimiento. Y poner en relación ese antiestatismo ideológico en lo filosófico con el adogmatismo (donde en la sutil metáfora que os propongo la idea estática es la inamovible y absoluta, mientras que el pensamiento de Heráclito y su concepción dinámica es la de la duda en los propios principios e ideas y la apertura a nuevas concepciones,.. por si no lo habíais captado).

También reciclo para mis espúrios intereses (básicamente dotar de argumentos de autoridad a mis idas de pinza) la tesis de la búsqueda de la perfección en la tensión entre opuestos que también y tan bien tocaran Aristóteles, Marx, San Agustín y demás gentes con sus rollos dialécticos de la tesis, la antítesis y la síntesis, el justo medio y tal..

La idea de que la armonía reside precisamente en la existencia de contrarios y de que sin uno de los polos la realidad no existiría coincide, como si la hubiera leído de joven e inconscientemente la hubiera hecho mía (nota para las apps detectoras de plagios), con mi teoría de la realidad como "ecosistema" en el que todas las especies son necesarias y no hay, por ejemplo en política, mejor sistema que la alternancia -incluso hasta el punto de que debería ser obligatoria-, y que todas las tendencias ("partidos"?) deben estar representadas, y que la política busca el pacto que es su esencia, y no la tan española concepción del "imponerse" a los otros y lograr su exterminio (la mayor parte de mis conciudadanos consideran que su país estaría mejor si siempre gobernaran los suyos o incluso si no hubiera gente con las ideas contrarias, que, evidentemente, están equivocados) y que el río cambiante sólo es la distinta representación (la cantidad de diputados) que cada una tenga en cada momento. O aplicado a los negocios (y a la política en realidad) se materializa en las tesis de Ury, Fisher y Patton sobre la negociación entendida como acuerdo y no como victoria de una parte sobre la otra.

Y es que es exactamente esa idea de tensión entre los opuestos, como una cuerda tirante, que se materializa en la idea socrática de justicia por encima de la conveniencia o el interés de cada una de las partes, o la de Justo Medio como virtud, como equilibrio entre excesos de Aristóteles, o incluso la de equilibrio de poderes de Montesquieu o las "terceras vías" en política más recientemente, la que da base filosófica a paridas del tamaño XXL como "Si te gustan las Rubias eres un machista".

Y ya.

domingo, 10 de febrero de 2019

RECONOCIMIENTO FACIAL



Llegará un momento, espero que dentro de poco, en que a las quintas que vengan les parezca increíble, absurdo y gracioso, pero hubo un tiempo en que la cantidad de pilosidad facial daba información que ayudaba al bandista a categorizar a la gente sabiendo quienes eran los suyos y quienes los otros. Aún hoy hay coletazos de esto, por suerte meras reminiscencias casi anecdóticas. El otro día un buen amigo saludó a otro diciéndole "!Vaya barbazas¡ ¿Qué pasa,.. has cambiado de ideas políticas?" Y eso en una época en que tanto el anterior representante del centro derecha, como el de la izquierda más polarizada en el arco o el del nuevo partido de ultraderecha pueblan su careto con barba, lo que no ayuda al etiquetado de su portador precisamente.

Pero sí, hubo un tiempo en que era así. Hace años la gente de orden se distinguía por su apurado y la de mal vivir por dejarse barba de vagabundo, abandonado, hippie, comunista y masonazo. Incluso dentro de los primeros había niveles y estaba reglamentado quién podía llevar qué tipo de bigote (solo bigote of course) y quien no, estando reservada para la oficialidad castrense algún tipo de mostacho más poblado (regulado en las ordenanzas, se los juro a ustedes ninios y ninias del futuro que estáis leyendo esto). También era de buen tono dejarse una fila de hormiguitas sobre el labio superior (Bigote de gobernador civil lo llamaba el gran Forges) y denotaba adscripción al régimen sirviendo para homogeneizar y democratizar (modo ironía on) las costumbres pilosas.

En otras épocas el derecho a portar patillas (reglamentarias se llamaban) estaba regulado en espesor, curva, longitud, forma de unión al mostacho, etc. como nos ha enseñado el gran Harry Flasman en sus novelas. Significaban pertenencia y estatus social, ya fuera aristocrático o militar (lo cual en la Inglaterra victoriana era difícil de distinguir) y daba porte al uniforme siendo símbolo de valor y gallardía.

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En esto de la cantidad de vello facial y su reparto por el rostro de una forma u otra siempre se han mezclado los aspectos relacionados con la moda del momento, con lo corporativo de identificar a los grupos sociales, el clasismo, la reglamentación militar, etc. En algún momento cada regimiento tuvo su tipo de perilla propio entre los mosqueteros del rey francés, los normandos valoraban la longitud y el tono del color rojo de la melena en sus líderes, los galos y los oficiales y soldados napoleónicos las trenzas, algunos paracaidistas se cortaron el día D el pelo de cierto modo para reforzar su espíritu de cuerpo, la propia Guardia Civil en España ha vestido durante décadas con orgullo el bigote como elemento distintivo, etc.

Capítulo propio merece en esta ida de pinza que ya hace un buen rato se me ha ido de las manos el magistral uso de este recurso bandista que hace Hergé en sus historias protagonizadas por Tintín. Sin él no distinguiríamos a Hernández de Fernández, ni sabríamos quien es quien en el conflicto entre Borduria y Sildavia..

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En fin.. que nada es suficiente en la historia cuando de etiquetar a la gente se trata, y los elementos como la vestimenta, el peinado, .. o el tipo de barba o bigote han sido siempre los más sencillos de usar (todos tenemos uno/a o podemos tener) para servir a este fin tan loable de clasificar a la peña de un solo vistazo generalista y presunto para tener claro quien son los míos y quien los otros.

Y ya.

(Nota: mientras tanto otros lo usan para buenas causas en las que se admite el distintivo de buen grado pues ayuda a reconocer a la buena gente)

sábado, 26 de enero de 2019

AH, VALE. NO ERAN COSAS MÍAS.. ES QUE ESTOY LOCO

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"La literatura psiquiátrica moderna describe la Aletofobia (enfermedad de la verdad, manía justiciofóbica o complejo de Sócrates) como el transtorno obsesivo compulsivo por la corrección moral, la honestidad, la verdad y la justicia. El afectado por este transtorno muestra una enfermiza necesidad de que lo que suceda a su alrededor responda a parámetros éticos; Que el mundo funcione con arreglo a lo que sabe que es correcto, los valores que aprendió de niño relativos a lo justo, lo honrado, lo deportivo, lo cierto.. y no por el interés de los individuos que hace que se relativicen los que para el enfermo son elementos axiológicamente respetables por estar en el derecho natural y la esencia del ser humano. El paciente demuestra una sujeción a la verdad por encima de cualquier cosa y sobre todo del pragmatismo utilitarista del interés personal, lo que a menudo le lleva a un desajuste social e incluso en el círculo cercano (familiar, amistades..).

No debe confundirse con la pérdida de conexión con la realidad que conllevan otros cuadros más relacionados con la esquizofrenia e incluso con algunas formas de psicopatías y sociopatías con las que a menudo se etiquetan erróneamente estos comportamientos. El individuo afectado es consciente (cada vez más a medida que evoluciona su proceso madurativo) de la realidad. La lucha que se produce en su mente es entre el ser y el deber ser. No suele conllevar actitudes asociales y menos agresivas en el plano individual. Tal vez accesos de melancolía o conductas de introversión. Suelen ser personas analíticas y altamente empáticas.
Por supuesto menos debe confundirse con el simple afán de exactitud por el dato (manía de la precisión), y menos con la mera soberbia intelectual pedante del "corrector" de lo ajeno (Aunque lo que sí que es cierto es que suele aparecer junto a otros transtornos menores de la personalidad relacionados con la obsesión compulsiva -orden, colocación de objetos, líneas rectas, etc..-)
Este cuadro por contra responde más a un conjunto de síntomas consistentes en la necesidad de someter todo a esquemas de corrección ética de manera autónoma de si la conclusión afecta negativa o positivamente a su interés.

Dado que los efectos afectan sobre todo a la dificultad del paciente para gestionar la diferencia entre la forma en que el mundo real funciona y el modo en que este cree que debería funcionar y llevan a menudo a decepciones y sentimientos de estar defraudado con la realidad, el mundo y sus semejantes, el tratamiento más recomendado desde las diferentes fuentes médicas consiste en un abordaje psicosociológico a través de terapias y dinámicas de grupo tendentes a reforzar el conocimiento mutuo entre los enfermos de modo que se consolide en su personalidad un sentimiento de no rendición y se creen redes de buscadores de la verdad e idealistas de la justicia sin los que el mundo sería mucho peor.

- Extracto del Vademecum psiquiatrico 2017-18 del colegio de psiquiatría de Illinois-"


Y Ya

jueves, 27 de diciembre de 2018

THE ART OF LISTENING-THE REVENGE OF NOISING


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Escuchar no es aprovechar mientras el otro habla para rebuscar en tu archivo de argumentarios lo que vas a decir en cuanto dejes de oír ese ruido de fondo molesto en tu cerebro que son sus palabras. Unas palabras que no estás escuchando, salvo en su primera frase y su lenguaje corporal que has necesitado para clasificarlo entre los tuyos o los contrarios, pues estás ocupado oyéndote a ti mismo, y que sin embargo ya has decidido están equivocadas por algo que has supuesto, por algo lejano que has creído oír antes en boca del enemigo. No consiste en tratar de recordar lo que te han dicho los tuyos que hay que decir cuando se hable de ese tema. No eres un soldado con órdenes de rebatir furibundo, de saltar de la trinchera en cuanto oigas la orden. Escuchar no es sacar del fondo de tu armario las ideas que alguien te ha dado precocinadas en forma de slogans para repetir, palabras de otros más listos que yo que ya me dan mascadas las frases para que no tenga que pensar.
El cerebro bandista funciona de una manera muy perezosa. Oye solo lo que quiere oír (emisoras, cadenas, periódicos, relaciones personales, foros..) y se va quedando con aquellas expresiones con las que se siente más cómodo (con las que más de acuerdo está en el mejor de los casos, las que más le tocan la fibra emocional o le aceleran la víscera sin tamizarlas por la razón en el peor de ellos) y las clasifica y archiva en una especie de cargador cerebral listas para ser disparadas contra el otro en cuanto le saquen el tema polémico o le lleven la contraria.
Cree que en realidad alguien se le ha adelantado y lo ha formulado antes que él pero que ese pensamiento que acaba de oír de manera machacona (con ánimo evidente de que luego sea repetido por los cuñados y los taxistas) era suyo originariamente. Asume la manipulación justificándose en que así pensaba él antes de que le dijeran lo que tenía que decir.
La actitud bandista en el dialogo se parece a la de esos lobotomizados de las películas que previamente hipnotizados actúan de determinada manera cuando alguien dice la palabra clave. Parecen entrenados para exaltarse y repetir argumentos en forma de frases manidas que alguien les ha metido en su cabeza a base de repetírselas en cuanto aparezca en el aire el tema supuestamente polémico. De manera visceral, a gritos si hace falta, agresivamente, con intención de imponerse o desdeñar por equivocados los puntos de vista del otro. En busca del arropo de otros que piensen igual y les den la fuerza del grupo contra el oponente.
Cuando discuto con un bandista (me obliga, yo no quiero) lo que más me molesta es la exactitud de la correspondencia de las palabras que utiliza, la identidad con las que usan los demás que piensan de la misma manera. No es que sea la misma idea, es que son las mismas expresiones, giros, orden, gramática, tiempo verbal, plural o singular.. la misma frase exacta en bocas distintas. Son literalmente iguales, aprendidas de tanto oírlas, dictadas y asumidas como propias.

El bandismo es una postura cómoda y cobarde. Escuchar es un ejercicio de valentía. Es difícil si se quiere hacer bien. No solo desde el punto de vista intelectual ni emocional sino incluso técnicamente. Es una habilidad que hay que entrenar. Hay que querer. 
Es oír cada idea expuesta por separado, una por una, aunque formen parte de un cuerpo común y ser capaz de formarse un criterio sobre cada una y no sólo del discurso general. Distinguir entre ellas, aceptar unas y otras no. Es estar dispuesto a aprender. Es reconocer no estar en posesión de la verdad (que no es lo mismo que no creer en tus propios argumentos). Es tratar de entender por qué el otro piensa así sin caer en la condescendencia sino empatizar de verdad. Es guardar silencio, respetar el turno. También es ser asertivo, respetarse uno mismo, y no dejarse invadir el espacio siquiera el intelectual de tu propia esfera íntima de pensamiento. Es acudir a la conversación con ideas preconcebidas (sería absurdo pedir lo contrario) pero dispuesto a revisarlas. Es que te quepa la posibilidad de salir de allí pensando distinto sobre algo aunque sea en parte y aunque luego no sea así (o si).
Escuchar es degustar las palabras del otro, darlas el tiempo que se merecen en tu cabeza, respetar su espacio, preguntarse por el camino que alguien ha seguido para llegar a esa conclusión que ahora te expone. Es aceptar su inteligencia, sus razones, su libertad, su historia y evolución. Es ser crítico y tamizarlas con tu propio criterio. Es descubrir en qué estás de acuerdo con él y en qué en desacuerdo, y por qué. Y luego exponer las tuyas de igual manera coincidan o no.
No toda conversación ordinaria ha de ser un debate (y menos una discusión. Si llega el caso es preferible negociar a menudo). No siempre hemos de rebatir,  a veces (las más) es suficiente exponer e intercambiar. 

De disciplinados rebatidores no escuchantes están las filas de los partidos políticos llenas, las conversaciones en los bares, las cenas de familia en Navidad, las audiencias.. Ávidos de que alguien les diga lo que deben pensar. De ese bandismo se alimentan los extremismos y el populismo, los nacionalismos, los fanatismos radicales, los sectarismos varios.. . Gracias a él crecen. Nutren los regimientos de incondicionales adeptos, followers sectarios, carne de cañón de las redes dispuestos a sacar el colt primero en defensa de los suyos a la mínima, creyéndose en su autojustificación ingenua estar con ello defendiendo sus propias ideas cuando lo que hacen acríticamente es ser el muro inerte de quien los usa para esa tarea. Repetidores hasta la saciedad, perros listos para saltar a la orden, que utilizan las frases que otros les han dicho para que las repitan de manera obsesiva para lograr la rendición por cansancio del opuesto y la del propio por refuerzo engañoso.

Respeto cada vez más a quien realmente se construye un criterio propio y no solo a quien cree hacerlo. Esos somos todos. Y no es cierto.

Y ya.

domingo, 23 de diciembre de 2018

ESO ES LO FÁCIL (Advertencia contra la inmediatez)

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Cada vez más gente identifica lo fácil con lo no punible. Muchos se llevan las manos a la cabeza porque se proponga algún tipo de castigo (o siquiera se contemple su sanción o se le reproche) para un acto que resultó sencillo de hacer. En su cerebro el silogismo debe funcionar así "¿Pero cómo se va a poder castigar algo que es fácil?", "Si no cuesta no debe poder castigarse". Y se les llevan los demonios ofendiéndose por considerarlo un ataque a la libertad (de pensamiento, de opinión,..) porque les parece desproporcionada la persecución penal a algo que fue instintivo como un tweet, que no supuso mucho esfuerzo como una mala rima de un rap o una performance callejera cutre, o que materialmente tampoco es para tanto ni apenas dura unos minutos como es la quema de una bandera, descargarse una canción ilegalmente o provocar un accidente por circular negligéntemente en patinete. Se ve que en sus estructuras mentales solo cabe castigo para lo planificado o lo necesitado de grandes dimensiones.

Pues les recuerdo a todas estas personas que no hay gesto que dure menos en el tiempo ni sea más sencillo mecánicamente que apretar un gatillo, y no por ello debe quedar sin castigo. Y que la premeditación es un agravante pero no quita esencia al delito cuando no la conlleva. Es como lo del técnico que arregla la lavadora en un minuto y el cliente se queja de lo abultado de la factura. No se paga por el tiempo sino por el conocimiento. Por saber qué tuerca había que apretar. 

Lo que se sanciona no es el gesto, el detalle, el tweet, la canción, la presión con cierta fuerza de un dedo sobre un metal.... sino las consecuencias que conlleva o supone la decisión de llevarla a cabo, de convertirlo en realidad. Pasar a la concreción de lo público lo que era personal, del mero deseo íntimo al hecho con consecuencias, de la acción más allá del pensamiento que es libre. La falta de respeto al otro que nos hace seres civilizados, la decisión personal (por rápido que sea el paso de ella al acto) que nos hace seres racionales y por tanto humanos, la capacidad de voluntad, el libre albedrío. La posibilidad de no hacer.

En una época que prima (e incluso premia) lo inmediato, lo compulsivo en la compra, lo rápido en la consecución de lo deseado, lo caliente en el pensamiento o la imagen del momento, el click bait en la noticia, el like sin filtro, la supuesta "valentía o arrojo" de atreverse a hacer algo sin más reflexión,.. lo fácil, en una palabra.. hay quien cree que el mundo real funciona como las redes y no entiende que algo que no ha costado esfuerzo hacer, se haga de manera instintiva o se haya tardado poco en llevar a cabo, pueda ser merecedor de sanción. No está de moda lo de "pensárselo dos veces".

No es problema de la sociedad (o mejor dicho sí se está convirtiendo en uno) que cada vez se dedique menos tiempo entre el pensamiento y la acción a estudiar las consecuencias de nuestras decisiones. Es problema de quien la lleva a cabo convirtiendo en realidad concreta cualquier cosa que le pasa por la cabeza. Y las decisiones (y los actos a través de las que se convierten en realidad los pensamientos) han de tener consecuencias (como de hecho las tienen en el plano de la repercusión en el afectado por nuestro acto concretando nuestra decisión). Lo explica de manera soberbia Magnífico Margarito en la entrada de su Blog Splitting of the ego "Cruzar el Rubicón". No lo hagas,.. y no tendrás que arrepentirte (o si lo haces que sea de manera plenamente consciente y arrostrando coherentemente las consecuencias).

Revisa el texto de tu tweet o de tu whatsapp antes de dar a enviar, o tu mail antes de pulsar enter (Nada es más sencillo que tirar de la memoria USB y las consecuencias pueden ser gravísimas). No por haberte costado poco hacerlo deja de producir sus consecuencias. No por ser fácil algo es correcto o no las tiene. No todo es un chiste que no ha de ser tenido en cuenta por instintivo que sea.

Y Ya.

sábado, 8 de diciembre de 2018

PARADOJA DEL "OFENDIDITO": LOS OFENDIDOS POR TANTO OFENDIDO

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(U "ofendida", que no quiero empezar mal olvidándome de ningún colectivo potencialmente ofendible)

Como sucede en general con todo fenómeno al que toca aun tangencialmente la mentalidad bandista, es difícil argumentar sin caer en la paradoja. Hay que mantenerse muy cuerdo para señalar las actitudes sectarias de unos y otros en los extremos y permanecer en la moderación y el punto medio. Siempre habrá quien te interprete mal ya sea por considerarte erróneamente "de los otros" si se siente atacado por tus planteamientos o los ejemplos que usas para presentarlos (aunque lo que pretendas demostrar sea precisamente que no estás en ninguno de los bandos y desde luego no en el "contrario" al suyo pues esa es precisamente la esencia de tu discurso), o por el contrario te tacharán de equidistante y tibio. Es difícil tratar de ser defensor de lo que en cada ocasión crees justo, perseguidor de la verdad sin apellido de interés alguno sino por el hecho de serlo por sí misma o reflexionador sobre ideas sueltas sin necesidad de ir en paquetes junto a otras presuntamente conectadas. Es difícil mantenerse bajo la escuadra de la honradez y aguantar ser tachado por unos y otros (que se sienten cómodos en el esquema gráfico de los dos bandos atrincherados uno frente al otro) de opuesto a ellos (curiosamente a ambos) o de pusilánime que no quiere mojarse mediante la fácil adscripción a alguno de los bandos que te dé los pensamientos ya masticados para simplemente apropiártelos sin necesidad de cribarlos antes por tu propio sentido crítico asumiendo así como estilo de vida un existencial sentido de la disciplina de partido.  
Con frecuencia se entiende que es una paradoja si te posicionas CONTRA algo habiendo dicho que en lo que crees es que las ideas y las personas no existen por oposición o contradicción entre ellas, y que pueden coexistir si hacemos el esfuerzo de la empatía poniéndonos en el lugar del otro y tratando de entenderlo.
Se ve como una contradicción insuperable que tus argumentos puedan entenderse como una postura CONTRA los que actúan desde planteamientos bandistas. Si dices estar en contra del bandismo, o que no hay por qué aguantar que los bandistas te manipulen se entiende que estás contra ellos y eso hace que su cerebro explote irremisiblemente. Estar CONTRA los bandistas es a lo que yo llamo "La paradoja randyana".

Exactamente lo mismo sucede con el tema de los "ofendidos" en redes sociales y en este nuevo mundo en que vivimos en general; Si se te ocurre decir que estás harto de tanta piel fina que se molesta a la mínima y todo lo pasa por el tamiz del pensamiento único enfadándose a la mínima y pidiendo linchamientos colectivos para el bromista o el discrepante de ese pensamiento, lo más posible es que alguien te incluya a su vez en un nuevo grupo de ofendidos; Los metaofendidos. Los ofendidos por los que se ofenden fácilmente.

Tal como yo lo veo la vacuna para no caer en ello es la individualidad asocial y arisca. En el momento en que se produzca el efecto contagio o el efecto refuerzo estamos perdidos. Todas estas causas son respetables en tanto no demos los siguientes pasos. Mientras no nos agrupemos. Pues la agrupación de los que piensan igual sobre algo y se sienten ofendidos por el ataque a ese algo lleva de manera casi inexorable al refuerzo mutuo de esos posicionamientos y a creernos apoyados para ir más allá de lo que haríamos a título personal. Y de ahí a pedir cabezas últimamente solo media un paso. La facilidad que dan las redes lo hace posible. Las turbas ya no son analógicas. La única sociabilidad que debe permitirse es la lúdica o la de quienes hayan demostrado la capacidad de resistencia intelectual a la droga engañosa y polarizadora de la coincidencia de posturas.

Por eso aunque estés de acuerdo conmigo en lo expuesto ni se te ocurra dar like ni comentarlo. Vivamos nuestro enfado como individuos. Separadamente. A distancia unos de otros. Hasta los que estamos de acuerdo entre nosotros (sobre todo esos). No quedemos nunca (al menos por estos motivos), no sepamos el uno del otro, no pongamos de manifiesto nuestro mutua coincidencia en nada.. y por lo que más queramos:.... no hagamos un grupo de Whatsapp.

Y ya.