A menudo, y más de manera reciente, oímos o leemos esta expresión que generalmente viene precedida de "falta de". Es tal el grado de repetición del mantra que el ciudadano medio no se para a pensar en su sentido. Simplemente la acepta en el entorno periodístico en que la contempla. Solo tenemos la sensación de que este elemento se puede tener o no tener por un político y atribuimos a su carencia una connotación negativa y a su posesión una positiva por contra. Pero ¿Qué es el "Sentido de estado"? En mi opinión tiene mucho que ver con la estrategia de bandos. Tener sentido de Estado es en política lo contrario de ser bandista. El sentido de estado sería la capacidad de un político de abstraerse de su bando y perseguir el interés general, el de todos no solo de los suyos. El del largo plazo y no solo el inmediato. Olvidarse de la necesidad obsesiva de salir reelegido, de agradar a sus votantes, de que los suyos ganen.. para centrarse en gobernar y hacer lo que se debe hacer. Más allá de intereses partidistas y clientelistas. Aunque duela. Aunque deje estupefactos a los suyos. Aunque sea contrario a las posturas personales, a lo que se esperaba de él o ella...si ello redunda en el beneficio general e incluso en el de las generaciones venideras. Tener "Sentido de estado" es tomar decisiones incluso contra los propios intereses.. incluso contra los personales,.. en beneficio de la comunidad.. del conjunto,..de todos. Es no entender a la sociedad como dividida en facciones sino como compañeros de viaje a los que se debe lealtad y servicio pues esa era su vocación. Es dejar al lado el beneficio, la comodidad , el egoísmo, el beneficiar a los que me mantienen en el poder.. y actuar en favor de la ciudadanía.. o lo que es más difícil aún..del ciudadano, sea o no de mi cuerda.. sea o no votante real o potencial mío. En esa concepción lo contrario al "Sentido de estado" que se espera de nuestros gobernantes y de las personas a las que dotamos del simbolismo del propio estado es el afán de lucro personal, el medrar aprovechándose del puesto, el poder y las influencias, el beneficiar a los míos, el intercambiar favores, el corromperse. El "Sentido de estado" no es patrimonio de los gobernantes y no solo a ellos debe exigírseles. Nuestra aportación, la del ciudadano de a pie, debe consistir en ser exigente en ello a quienes deben tenerlo.
Por desgracia en este momento de la historia de nuestro país es "Sentido de Estado" lo que más se echa en falta.
miércoles, 1 de agosto de 2012
LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO APLICADA AL BANDISMO:
ETIQUETAR POR LA PROFESIÓN.
“La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de cosas,
los mediocres hablan de gente”
Jules Romains
- ¿Y esta?
- Es pediatra.
- ah.
(Fragmento de una
conversación que oí ayer mismo)
Se trata de un
buen ejemplo de bandismo cotidiano y ya intrínseco en la forma de ser
de muchas personas. Pocas veces en tan pocas palabras se pueden condensar tal
cantidad de presunciones. Pocas veces tal cantidad de inmediatas conexiones
mentales se generarán. Todas ellas se establecerán como verdades absolutas
salvo prueba en contra y servirán como base para futuras actuaciones, premisas,
comportamientos y relaciones en la vida social.
Una vez asumido
que el bandista actúa en su comportamiento cotidiano etiquetando, que esto
conllevapresunciones
y conexiones absurdas, y que se mueve en parámetros de rentabilidadycomodidad(es
decir que para tener claro a qué bando pertenece cada uno -algo que necesita
para vivir y una premisa de la que parte en su concepción de la vida y las
relaciones sociales- nos etiqueta y saca de esos clichés conclusiones por
conexión a las que llamamos tópicos, prejuicios o presunciones), podemos
entrar en detalles.
La técnica de
establecer esas presunciones a través de la que el bandista se ahorra mas
tiempo es la del ETIQUETADO POR PROFESIÓN.
¿Os habéis fijado
la enfermiza necesidad que tienen algunas personas de saber en qué trabajan los
que le rodean, cual es su profesión o cómo se ganan la vida? (O mejor ¿Cuanto ganan?)
¿Y la de
presunciones que establecen sobre este hecho una vez que lo saben?
Responde a dos
razones principalmente:
a) Ahorrarse un
tiempo precioso en las relaciones sociales.
b) Poder
compararse.
A) Una vez que el
bandista sabe que alguien es en su vida profesional profesor de universidad,
abogado, arquitecto, médico, carnicero, informático, consultor o ingeniero.. ya presume gran cantidad de tópicos y asume que
por tanto es de los suyos o no. De ello deriva una forma de tratarle
(familiaridad, respeto, admiración, veneración, desprecio, distancia, interés..). Establece la
conexión y el prejuicio de una cierta situación económica, unas ideas políticas,
unas opiniones en ciertos aspectos. Y así puede presumir de conocerle sin haber
cruzado con él o ella jamás una sola palabra. Por eso cuando alguien se sale de esa norma que él ha presumido el bandista se siente descabalgado y hasta socialmente ofendido (eso no es propio de "médicos", por ejemplo). Si se es abogado hay que aceptar todo lo que ello conlleva en la vida social, cada uno debe saber cual es su sitio en la vida, etc.
Esto explica que las profesiones clásicas y los tópicos que llevan aparejadas sean una gran ayuda para el bandista. Las personas que tienen una ocupación que no puede rápidamente abarcarse con un nombre profesional clásico sino que ante la pregunta ¿Tú a que te dedicas? han de describirse con una o varias frases, suponen para el bandista un obstáculo infranqueable, una incógnita y un misterio insondable por la dificultad para etiquetar. Así que terminan siendo simplificadas por el bandista a términos comprensibles para él (¡ah! Escritor) y que puedan ser conectados a tópicos que presumir (bohemio, sin un duro, intelectualoide, de izquierdas y si me apuras hasta un poco perroflauta.) o son sospechosas de querer ocultar algo (generalmente para alguno de ellos no tener un duro y trabajar a salto de mata en lo que vaya saliendo).
B) En este marco las interactuaciones entre los individuos se entienden
como una competición. Para los que ven la vida así el objetivo vital es ganar
ese particular concurso.
Se puede reconocer a estas personas porque son las que en el ascensor
“se comparan” con los demás. De un solo vistazo determinan rango, estatus,
nivel social, económico, formación académica.. y establecen cuál de los dos
lobos ha de agachar la cola. Para estos individuos el paraíso tiene el aspecto
de una fiesta de reencuentro de antiguos alumnos en la que antes de entrar se
memorizan las marcas de los coches aparcados a la puerta y hay un cierto
acuerdo tácito para preguntarte a qué te dedicas y cuanto ganas o para
inspeccionar cómo de atractiva es tu pareja. La vida es un escaparate de éxito
o fracaso social o económico en el que curiosamente a nadie interesa si el otro es feliz o no.
Siempre me maravilló la habilidad que tienen para hacerlo incluso en una
piscina donde las pistas son menores. Hasta que averigüé dos cosas:
a)Para ellos/as es tan importante la información
en base a la cual determinan estas jerarquías que dedican gran parte de su vida
a obtenerla para poder aplicarla en el momento adecuado (son los chismosos y
los cotillas. Los que coleccionan datos sobre los demás).
b)Mucha gente juega a ese juego con lo que se
presta al mismo. Es una especie de círculo vicioso, no solo una “enfermedad”
individual. Los jugadores se necesitan entre ellos.
Para este perfil de personas el enemigo no es el otro jugador, sino
quien no quiere jugar a ese juego absurdo y no necesita compararse con nadie. A
este es al que hay que vencer (haciéndole de los suyos) y si no se deja,
apartarle por disidente. La licencia para “agredir” al “resistente” en este
ámbito es la justificación para la discriminación social. Tachar de raro al que
no quiere jugar. Por suerte cada vez son más estos “no jugadores”.
Por estas razones el bandista prefiere un mundo de médicos, albañiles, maestros, militares, ingenieros.. en que todos estemos correctamente clasificados y aceptemos además las enfermizas conexiones que se suponen que en las demás facetas aparte de la profesional, un oficio debe llevar aparejadas. Ello hace mas fácil entender el mundo y la sociedad y produce disgusto cuando alguien no cumple lo que se espera de ella y de su categoría. Siempre me ha
maravillado la gente que la primera pregunta que hace cuando te les presentan
es ¿En qué trabajas? y lo reservados que somos a veces ante la pregunta que
debería ser más natural ¿Cómo te va? o ¿Cómo estás?. Nos resulta mas
sencillo decir cual es nuestra profesión para ser inmediatamente clasificados
por una presunción de estatus que hablar de quienes somos en realidad y qué
sentimos.
Voy a empezar a
responder cuando me pregunten ¿Tú que eres? con respuestas que me definen más
que mi trabajo como: alto, bueno, agnóstico, mal
cocinero, honrado, curioso, padre, librepensador, hijo,
coleccionista, lector, marido, buscador, aficionado a rutear en moto, etc..
Hay cosas que están bien o están mal. Independientemente de cómo afectan a mis intereses. Independientemente de si las dicen los míos o los otros. Independientemente de cual sea mi bando o a quien pertenezca. Pero hasta que no hacemos el ejercicio de empatía de tratar de verlas sin ese prisma del interés o el filtro del egoísmo no somos capaces de aceptarlo. Hasta que no dejamos de apreciar las cosas desde nuestro "bando" no vemos lo poco relativo de ciertas cuestiones.
Siempre que veo esta escena me sobrecoge. Se trata de la película Tiempo de Matar. Es la historia de un abogado que defiende a un hombre negro que ha matado al violador de su hija. Resume a la perfección lo interiorizado que tenemos el bandismo, lo intrínseco que lo llevamos metido dentro. El juicio acaba. Sabe que lo va a perder. Su cliente va a ir a la cárcel. No ha conseguido hacer entender al jurado sus razones. No ha conseguido que la sociedad de una ciudad del estado de Mississipi comprenda por qué lo hizo. Son cinco minutos de discurso. Un alegato morboso y un tanto desagradable. ..Pero los quince segundos finales te rompen y te hacen pensar tantas cosas...
Postdata: La reflexión no es sobre el derecho a la venganza, sino sobre nuestra dificultad para la empatía y la ceguera parcial que los intereses personales y una supuesta adscripción a uno de los bandos nos produce.