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martes, 9 de septiembre de 2014

YO NO LO HABRÍA DICHO MEJOR

Entrada de septiembre de 2014 de "Magnífico Margarito" en su blog 
http://magnificomargarito.com/2014/09/04/derecha-vs-izquierda/


Derecha vs. Izquierda


Los pederastas, los violadores, los maltratadores, los torturadores de galgos, son gente de derechas. No pueden ser de izquierdas tampoco los que defienden a Israel porque estarían a favor de las muertes de niños de Gaza, de lo contrario estarían en contra de esas muertes, es decir, en contra de Israel y de los judíos. Estar con los judíos es de derechas. Estar contra los judíos es de izquierdas, excepto si se opone judíos a Hitler, en cuyo caso somos de los judíos y lloramos con “La vida es bella”. Hitler era al fin y al cabo un nacional socialista, como todo el mundo sabe eso es de derechas. Oh, wait…
 Y es que la pálida dama ha de ser de derechas. Como el Real Madrid, pálido merengue. Y el segundo uniforme, negro petróleo, porque el petróleo también es de derechas. Los que están a favor de la pena de muerte son de derechas, los de izquierdas no podemos estar a favor de la pena de muerte porque estamos con la vida, con la felicidad y con la alegría. La muerte es tristeza y oscuridad, excepto la de niños en el vientre de su madre, que esa es de izquierdas y los que defienden la vida son de derechas y fachas. Oh, wait…
 Es de derechas Mourinho porque es malo. Guardiola es bueno, ergo de izquierdas. No hay homosexuales de derechas, porque los de derechas están en contra de los homosexuales y creen que son diferentes, no se dan cuenta que los homosexuales son igual que los demás, es una opción sexual transversal a todas las razas, edades, creencias y opciones políticas. Oh, wait…
 También es de derechas pescar ballenas. Y los abrigos de pieles. Y los que van a los toros. Fumar puros es de derechas. Leer es de izquierdas, porque la cultura es de izquierdas. La filosofía, la historia, la ciencia son de izquierdas. La derecha es analfabeta y promueve el analfabetismo, quiere acabar con la educación y la universidad pública, para llevar a sus hijos a la privada, que es peor. Por eso quieren privatizar la educación, para llevar a sus hijos a la mala, a la privada, porque son los fakires del saber, el BDSM del conocimiento. No hay mas que ver el déficit disparado por los recortes que no han hecho… Oh, wait…
 Es de izquierdas la playa, comer vegetales y el ballet. Son de derechas los chuletones, los hoteles de primera línea que joden la costa y el turismo masivo, excepto si el turismo masivo es a Sitges. El machismo, evidentemente, de derechas. No puede haber machistas en UGT ni en Jueces por la democracia (la democracia es también de izquierdas), en qué cabeza cabe… Todo lo que atenta contra la igualdad es de derechas. Como el feminismo, por ejemplo. Oh, wait…
 Los padres que no cuidan de sus hijos son de derechas, porque los de izquierdas, al tener más sensibilidad, cuidan a su prole de modo delicado y multicultural, con sensibilidad exquisita y afrancesados modales. Los padres de derechas están mientras tanto en puticlubs tomando whisky y pellizcando el culo a las putas. Luego llega el divorcio, claro, y los padres que han cuidado a sus hijos (los de izquierdas) pelean por el derecho de sus hijos a seguir viendo y viviendo con su padre, y eso es un atentado a la mujer, una forma de maltrato que solo puede ser derechas. ¿Serán fachas estos cabronazos que quieren cuidar de sus hijos? Que aprendan de los fachas, que no molestan a la mujer divorciada mientras cuida de sus hijos en casa, que es lo progre. Oh, wait…
 Si por mi fuera, os podríais ir todos a tomar por el culo.

lunes, 3 de febrero de 2014

DETECTAR LAS COJERAS AJENAS



Hay un cierto perfil de persona, por desgracia sumamente extendido, que necesita constantemente saber "con quien se juega los cuartos".  Esa necesidad de saber "de qué pie cojea cada uno" es la lacra de las relaciones sociales. Son gentes que no pueden vivir teniendo cerca a quien considera de los otros y, claro, para eso necesita saber de un vistazo quien lo es y quien no. Han de saber si les van a respaldar en sus planteamientos o por el contrario les van a llevar la contraria cuando digan algo. Gentes para los que la diversidad es un peligro y un terreno en el que no se manejan bien. Para quienes los que tienen ideas distintas a las suyas son enemigos. Esto demuestra una falta de confianza en uno mismo y en las propias ideas y opiniones ciertamente alarmante. Requieren siempre verse rodeados de personas de las que sepan que no les van a dar una sorpresa. Coincidentes casi gemelos en posicionamientos que se localizan con facilidad entre si y retroalimentan mutuamente. Formadores de bandos naturales por afinidad que pasan al ataque a "los otros" como lógica derivada del hecho mismo de tener ideas propias (¿?).

Es tal la necesidad que la habilidad de "detectar de qué pie cojea cada uno" de sus contertulios y de las personas con las que se relacionan, ha conseguido sublimarse convirtiéndose en talento. Sutiles (o no tan sutiles) preguntas que les dan mucha información. Pistas en forma de reacción o actitud ante frases dejadas caer (simpatías, asentimientos, sonrisas..) que ellos tienen como pruebas definitivas de afinidad o de enemistad cuando pudieran ser simplemente gestos de amabilidad como contertulio. Detalles que les hacen saber si son de los suyos o de los otros.

De tanto tener que hacerlo he terminado desarrollando a su vez una habilidad especial para detectar a estos detectores de cojeras ajenas y sus actitudes. Me molesta especialmente su actitud a la defensiva. Su rigidez dogmática en las posturas. Su agresividad con el que consideran el contrario. 

Estoy un poco cansado ya de tener que recordarles a muchos de ellos que no por pensar diferente de ellos dejo de ser su amigo o de llevarme bien con ellos. Harto de reivindicar mi derecho a tener opiniones propias sin el miedo a que al darme la vuelta sea objeto de sus críticas por "diferente", de explicar que se pueden tener relaciones con personas sin necesidad de que solamente pueda ser si "son de los tuyos" y de que se pueden tener conversaciones enriquecedoras hasta "con los otros", y ello, sorprendentemente, sin tener que discutir ni tener que llevar todo dialogo al enfrentamiento entre posturas polarizadas. De tener que explicar cada vez que muchos de nosotros no funcionamos en esa clave de "o conmigo o contra mi" y que simplemente nos movemos por la vida conversando sin prejuicios sin tener que convencer a los demás de nuestras posturas o de "defendernos" de los "ataques" de los otros en forma de opiniones distintas.

Claro, que igual me estoy metiendo donde nadie me llama porque ellos y ellas se lo pasan bomba siendo así.

lunes, 2 de septiembre de 2013

QUE NO LO DIGO YO, QUE LO DICEN OTROS MEJORES Y MUCHO MEJOR QUE YO..

Patente de corso

Arturo Pérez-Reverte 

Conmigo, o contra mí

Un lector me preguntó el otro día por mi escepticismo político: mi falta de fe en el futuro y mi despego de esta casta parásita que nos gobierna, sólo comparable a la desconfianza que siento hacia nosotros los gobernados: sin víctimas fáciles no hay verdugos impunes. Siempre sostuve, porque así me lo dijeron de niño, que los únicos antídotos contra la estupidez y la barbarie son la educación y la cultura. Que, incluso con urnas, nunca hay democracia sin votantes cultos y lúcidos. Y que los pueblos analfabetos nunca serán libres, pues su ignorancia y su abulia política los convierten en borregos propicios a cualquier esquilador astuto, a cualquier lobo hambriento, a cualquier manipulador malvado. También en torpes animales peligrosos para sí mismos. En lamentables suicidas sociales.

Hace dos largas décadas que escribo en esta página. También, en los últimos dos años, Twitter me ha permitido acercarme a lo más caliente de nuestro modo de respirar. Y no puedo decir que sea confortable. Inquieta el lugar en que una parte de los lectores españoles se sitúan: lo airado de sus reacciones, el odio sectario, la violenta simpleza -rara vez hay argumentos serios- que a menudo llegan a un desolador extremo de estolidez, cuando no de infamia y vileza. Cualquier asunto polémico se transforma en el acto, no en debate razonado, sino en un pugilato visceral del que está ausente, no ya el rigor, sino el más elemental sentido común.

Destaca, significativa, la necesidad de encasillar. Si usted opina, por ejemplo, que a Manuel Azaña se le fue la República de las manos, no encontrará criterios serenos que comenten por qué se le fue o no se le fue, sino airadas reacciones que, tras mencionar el burdo lugar común de Hitler y Mussolini, acusarán al opinante de profranquista y antidemócrata. Y si, por poner otro ejemplo, menciona el papel que la Iglesia Católica tuvo en la represión de las libertades durante los últimos tres siglos de la historia de España, abundarán las voces calificándolo en el acto de anticatólico y progre de salón. Pondré un ejemplo personal: una vez, al ser interrogado sobre mi ideología, respondí que yo no tengo ideología porque tengo biblioteca. No pueden ustedes imaginar cómo llovieron, en el acto, las violentas acusaciones de que escurría el bulto «y no me mojaba». Y es que en España parece inconcebible que alguien no milite en algo y, en consecuencia, no odie cuanto quede fuera del territorio delimitado por ese algo. Reconocer un mérito al adversario es para nosotros impensable, como aceptar una crítica hacia algo propio. Porque se trata exactamente de eso: adversarios, bandos, sectas viscerales heredadas, asumidas sin análisis. Odios irreconciliables. Toda discrepancia te sitúa directamente en el bando enemigo. Sobre todo en materia de nacionalismos, religión o política, lo que no toleramos es la crítica, ni la independencia intelectual. O estás conmigo, o contra mí. O eres de mi gente -y mi gente es siempre la misma, como mi club de fútbol- o eres cómplice de la etiqueta que yo te ponga. Y cuanto digas queda automáticamente descalificado porque es agresión. Provocación. Crimen.
Qué fácil resulta entender, así, nuestra despiadada Guerra Civil. Si ahora no se dan delaciones y paseos por las cunetas, es sencillamente porque ya no se puede. Pero las ganas, el impulso, siguen ahí. Me pregunto muchas veces de dónde viene esa vileza, esa ansia de ver al adversario no vencido o convencido, sino exterminado. La falta de cultura no basta para explicarlo, pues otros pueblos tan incultos y maleducados como nosotros se respetan a sí mismos. Quizá esa Historia que casi nadie enseña en los colegios pueda explicarlo: ocho siglos de moros y cristianos, el peso de la Inquisición con sus delaciones y envidias, la infame calidad moral de reyes y gobernantes. Pero no estoy seguro. Esa saña que lo mismo se manifiesta en una discusión política que entre cuñados y hermanos en una cena de Navidad es tan española, tan nuestra, que me pregunto quién nos metió en la sangre su cochina simiente. Desde ese punto de vista, el español es por naturaleza un perfecto hijo de puta. Por eso necesitamos tanto lo que no tenemos: gobernantes lúcidos, sabios sin complejos que hablen a los españoles mirándonos a los ojos, sin mentir sobre nuestra naturaleza y asumiendo el coste político que eso significa. Dispuestos a decir: «Preparemos al niño español para que se defienda de sí mismo. Eduquémoslo para que conviva con el hijo de puta que siglos de reyes, obispos, mediocridad, envidia, corrupción, violencia, injusticia, 

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/774/conmigo-o-contra-mi/

miércoles, 1 de agosto de 2012

LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO APLICADA AL BANDISMO: ETIQUETAR POR LA PROFESIÓN.

“La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de cosas,
 los mediocres hablan de gente”

Jules Romains


- ¿Y esta?
- Es pediatra.
- ah.
                      (Fragmento de una conversación que oí ayer mismo)

Se trata de un buen ejemplo de bandismo cotidiano y ya intrínseco en la forma de ser de muchas personas. Pocas veces en tan pocas palabras se pueden condensar tal cantidad de presunciones. Pocas veces tal cantidad de inmediatas conexiones mentales se generarán. Todas ellas se establecerán como verdades absolutas salvo prueba en contra y servirán como base para futuras actuaciones, premisas, comportamientos y relaciones en la vida social.

Una vez asumido que el bandista actúa en su comportamiento cotidiano etiquetando, que esto conlleva presunciones y conexiones absurdas, y que se mueve en parámetros de rentabilidad y comodidad (es decir que para tener claro a qué bando pertenece cada uno -algo que necesita para vivir y una premisa de la que parte en su concepción de la vida y las relaciones sociales- nos etiqueta y saca de esos clichés conclusiones por conexión a las que llamamos tópicos, prejuicios o presunciones), podemos entrar en detalles.

La técnica de establecer esas presunciones a través de la que el bandista se ahorra mas tiempo es la del ETIQUETADO POR PROFESIÓN.



¿Os habéis fijado la enfermiza necesidad que tienen algunas personas de saber en qué trabajan los que le rodean, cual es su profesión o cómo se ganan la vida? (O mejor ¿Cuanto ganan?)
¿Y la de presunciones que establecen sobre este hecho una vez que lo saben?

Responde a dos razones principalmente:
a) Ahorrarse un tiempo precioso en las relaciones sociales.
b) Poder compararse.

A) Una vez que el bandista sabe que alguien es en su vida profesional profesor de universidad, abogado, arquitecto, médico, carnicero, informático, consultor o ingeniero.. ya presume gran cantidad de tópicos y asume que por tanto es de los suyos o no. De ello deriva una forma de tratarle (familiaridad, respeto, admiración, veneración, desprecio, distancia, interés..). Establece la conexión y el prejuicio de una cierta situación económica, unas ideas políticas, unas opiniones en ciertos aspectos. Y así puede presumir de conocerle sin haber cruzado con él o ella jamás una sola palabra.
Por eso cuando alguien se sale de esa norma que él ha presumido el bandista se siente descabalgado y hasta socialmente ofendido (eso no es propio de "médicos", por ejemplo). Si se es abogado hay que aceptar todo lo que ello conlleva en la vida social, cada uno debe saber cual es su sitio en la vida, etc.

Esto explica que las profesiones clásicas y los tópicos que llevan aparejadas sean una gran ayuda para el bandista. Las personas que tienen una ocupación que no puede rápidamente abarcarse con un nombre profesional clásico sino que ante la pregunta ¿Tú a que te dedicas? han de describirse con una o varias frases, suponen para el bandista un obstáculo infranqueable, una incógnita y un misterio insondable por la dificultad para etiquetar. Así que terminan siendo simplificadas por el bandista a términos comprensibles para él (¡ah! Escritor) y que puedan ser conectados a tópicos que presumir (bohemio, sin un duro, intelectualoide, de izquierdas y si me apuras hasta un poco perroflauta.) o son sospechosas de querer ocultar algo (generalmente para alguno de ellos no tener un duro y trabajar a salto de mata en lo que vaya saliendo).

B) En este marco las interactuaciones entre los individuos se entienden como una competición. Para los que ven la vida así el objetivo vital es ganar ese particular concurso. 

Se puede reconocer a estas personas porque son las que en el ascensor “se comparan” con los demás. De un solo vistazo determinan rango, estatus, nivel social, económico, formación académica.. y establecen cuál de los dos lobos ha de agachar la cola. Para estos individuos el paraíso tiene el aspecto de una fiesta de reencuentro de antiguos alumnos en la que antes de entrar se memorizan las marcas de los coches aparcados a la puerta y hay un cierto acuerdo tácito para preguntarte a qué te dedicas y cuanto ganas o para inspeccionar cómo de atractiva es tu pareja. La vida es un escaparate de éxito o fracaso social o económico en el que curiosamente a nadie interesa si el otro es feliz o no. Siempre me maravilló la habilidad que tienen para hacerlo incluso en una piscina donde las pistas son menores. Hasta que averigüé dos cosas:
a)  Para ellos/as es tan importante la información en base a la cual determinan estas jerarquías que dedican gran parte de su vida a obtenerla para poder aplicarla en el momento adecuado (son los chismosos y los cotillas. Los que coleccionan datos sobre los demás).
b)  Mucha gente juega a ese juego con lo que se presta al mismo. Es una especie de círculo vicioso, no solo una “enfermedad” individual. Los jugadores se necesitan entre ellos.

Para este perfil de personas el enemigo no es el otro jugador, sino quien no quiere jugar a ese juego absurdo y no necesita compararse con nadie. A este es al que hay que vencer (haciéndole de los suyos) y si no se deja, apartarle por disidente. La licencia para “agredir” al “resistente” en este ámbito es la justificación para la discriminación social. Tachar de raro al que no quiere jugar. Por suerte cada vez son más estos “no jugadores”.

Por estas razones el bandista prefiere un mundo de médicos, albañiles, maestros, militares, ingenieros.. en que todos estemos correctamente clasificados y aceptemos además las enfermizas conexiones que se suponen que en las demás facetas aparte de la profesional, un oficio debe llevar aparejadas. Ello hace mas fácil entender el mundo y la sociedad y produce disgusto cuando alguien no cumple lo que se espera de ella y de su categoría.

Siempre me ha maravillado la gente que la primera pregunta que hace cuando te les presentan es ¿En qué trabajas? y lo reservados que somos a veces ante la pregunta que debería ser más natural ¿Cómo te va? o ¿Cómo estás?. Nos resulta mas sencillo decir cual es nuestra profesión para ser inmediatamente clasificados por una presunción de estatus que hablar de quienes somos en realidad y qué sentimos.

Voy a empezar a responder cuando me pregunten ¿Tú que eres? con respuestas que me definen más que mi trabajo como: alto, bueno, agnóstico, mal cocinero, honrado, curioso, padre, librepensador, hijo, coleccionista, lector, marido, buscador, aficionado a rutear en moto, etc.. 

..para evitar el ridículo de tener que corregir: 
- PESCADEROOO .. 
- NO. MAYORISTA.




martes, 17 de julio de 2012

Mi amiga la bandista conformista:


Tengo una conocida que no es mala persona. Yo aún diría más, creo que es buena. Sin embargo es bandista. No puede evitarlo. Es superior a sus fuerzas. Ya no se da cuenta cuando tiene esos comportamientos, pero son constantes, a todas horas, como tics. Y a mi me cuesta mantener una buena relación con ella porque no quiero tampoco ir de corrector por su vida, ni que sospeche actitudes paternalistas en mí. Y menos que nos enfademos. Pero a veces cuesta.

No es que sea una de esas personas que promueven activa y conscientemente el bandismo como actitud social. Cizañeros sádicos que obtienen placer del enfrentamiento ajeno. No es eso. Ella simplemente es una bandista conformista. Ha aceptado lo que cree inevitable. Asume que todos somos enemigos unos de otros y nos movemos únicamente por el interés por lo que hemos de defendernos agrupándonos a nuestros iguales y tener claro quienes no lo son.

Para mi amiga solo cabe relacionarse con los que piensan como ella, lo cual hace que se refugie en “los suyos”. Tiene un cierto temor a los discrepantes, fruto de cierta inseguridad en si misma. Les ve como algo a evitar si es posible. Rehuye la conversación pues la concibe como confrontación. Cualquiera que critique una idea que haya oído a uno de los de su bando ya es automáticamente categorizado como enemigo y como mínimo despreciado. A la mínima salta. 
Cree que no puede aceptar simplemente que haya divergencia de opiniones o diversidad. Los demás están equivocados si no están de acuerdo con ella y con los suyos.
Repite consignas que ha oído a alguien a quien respeta o simplemente a uno con sus mismas posturas. Mantiene en público ante desconocidos una actitud prudente y moderada (en los foros y en facebook sin embargo se desata hacia posturas radicales y más si cabe el anonimato) y sin embargo en cuanto se sabe entre los que piensan como ella de algún tema se muestra como es en realidad.

Tiene ideas preconcebidas e incluso decididas de antemano sobre algunos temas sin haber pensado nunca en ellos, ya que acepta lo que se supone que debe pensar de ellos. Para ella la regla sagrada es el respeto a la disciplina de partido a lo que llama lealtad y que es obediencia ciega. La educaron así.

Etiqueta con facilidad y agrupa las ideas por lotes como si fueran juntas. Para ella quien va en bici por la calle es de izquierdas, fuma porros, es antitaurino y posiblemente vegetariano igual que quien sale de misa es un clasista de derechas a quien seguro emociona la música militar.

Tiene necesidad de tener a la gente clasificada. Saber quien es quien y a qué facción pertenece. Te adscribe a algún bando por mínimos detalles y nimiedades estableciendo curiosas relaciones. El otro día me dijo que si me gustaban las rubias es que era un machista. Siempre se refiere a cada uno poniéndole el apellido de su supuesta adscripción: “Este es PPero”, “cuidado con lo que dices que Carlos es Catalán”..Cada uno de estos grupos conlleva toda una serie de ideas conectadas que se te presumen si tienes una sola de ellas. Cree que tú también haces lo mismo y estás en un grupo para defender sus intereses frente a los del otro.
Mi amiga necesita un enemigo para existir. Alguien en quien focalizar sus iras. Estos días tiene donde elegir. Va pasando, según la digan los medios afines, de la banca a los funcionarios, de la clase política a los antidisturbios, de la monarquía a los sindicatos..

Ella no ve individuos, no ve personas, .. sino frentes. Y necesita saber constantemente si estás en el suyo o en el contrario. Creo que es un mecanismo defensivo innato, o como mínimo una expresión de comodidad. Ello la evita tener que pensar por si misma, ser crítica y tener sus propias posturas. Así se ahorra tiempo. También se ahorra la ingrata tarea de tener que hablar con alguien para conocerle. Se salta ese paso haciendo presunciones, prejuicios, conexiones absurdas y clichés. Así ya sabe cómo es sin necesidad de relacionarse. Y por último se ahorra contar. Es más fácil contar bandos que personas individualmente. Salen menos.


¿Tú también conoces a mi amiga?

miércoles, 13 de junio de 2012

EL ARTE DE ETIQUETAR



El bandismo es la estrategia que consiste en hacernos sentir obligados a posicionarnos en bandos, agrupándonos por intereses u opiniones. El bandista concibe siempre a esos grupos opuestos uno al otro e incluso enfrentados activamente. Para que esta teoría le funcione ha de tenernos clasificados convenientemente en categorías y compartimentos estancos.

La manifestación más doméstica e inmediata de esto son las ETIQUETAS.

Los clichés eran aquellos estereotipos en los que cuando éramos adolescentes necesitábamos incluir a todos los que nos rodeaban: pijos, punkies, heavys, etc.. Agrupaciones sociales que permitían saber en qué casilla meter a los demás para entender mas gráfica y fácilmente la pequeña sociedad en la que vivíamos.

Cuando adultos hay quien no se ha curado de esa manía. La diferencia es que ahora las presunciones y los tópicos son más interesados. Se sigue encasillando por la apariencia (las posesiones, el aspecto, el nivel social, etc.) y por las opiniones.

Etiquetar es un acto bandista por excelencia. Agrupar a la gente en categorías establecidas para entender mejor el mundo y tener más claro quién es de los tuyos.



Consiste básicamente en tres acciones tan consecutivas en la mente del bandista que parecen simultaneas: 
          a) Adjudicar a alguien en décimas de segundo a uno de los bandos (por una idea que ha expresado en alto, un gesto, una actitud, una apariencia, un comportamiento..)
         b) Presumirle de acuerdo con toda una serie de ideas o valores POR CONEXIÓN (Lote de ideas) sin que él o ella las haya verbalizado. No hace falta “Si piensa A en un tema pensará B en otro”
         c) Entender que “lógicamente” estará en contra del que no sea así (en el otro bando).

“Lee “La Razón”   luego   es de derechas   luego  está contra los de izquierdas”
“No va a misa   ergo   es ateo   ergo   es anticlerical”

Atiende al impagable enlace al respective



"Yo cuando me muera no quiero que me entierren. Quiero que me incineren y esparzan mis cenizas para hacerme uno con el cosmos............... MARICÓN"