domingo, 25 de octubre de 2026

EL TOC DEL RIGOR

Igual que hay quien ve un cuadro torcido y tiene que corregirlo me pasa con la falta de precisión. Me genera una incomodidad íntima enorme oír argumentos falsos o enunciados de ideas que no se atienen a la verdad, o son incorrectos y dados por ciertos. Sin embargo la cortesía social me obliga a no corregir el cuadro torcido para no resultar en exceso maleducado con quien lo ha colgado. 

Generalmente no se trata de grandes discursos los que suscitan mi particular salpullido sino pequeñas faltas a la precisión insertas en una argumentación mayor y lo que llevo peor es que mi necesidad de puntualizar para quedarme conforme con la simetría de lo dicho por alguien sea tenido por las mentalidades más simples por defensa de ideas cuando no pretenden ser más allá de meras correcciones menores. El hecho de que
lleve la contraria a alguien cuando dice que Hitler odiaba a los animales no me convierte en defensor del nazismo. A veces veo confundida mi obsesiva necesidad de precisión en el dato y ajuste riguroso a la verdad con defensa de posiciones que no son las mías, pero es tan frecuente en la práctica asistir a ese pobre recorrido intelectual que hace años que decidí no esforzarme ya con determinadas audiencias en tratar de explicar la diferencia entre una cosa y otra.

La conversación es a veces una pared (por desgracia es así en más de un sentido metafórico) en la que alguien cuelga un cuadro inclinado mediante una aseveración falsa. No es que necesite rebatir el argumento completo, ese es otro tema. Es que he de refutar una afirmación a veces inserta como argumento de refuerzo al general o que trata de demostrar aquel. 
Yo sé que es difícil de entender que si alguien reclama una corrección a un dato concreto no está argumentando en contra del discurso en sí, pero pido a mis interlocutores el mínimo nivel para diferenciar ambas cosas. 

Soy un firme creyente en la autonomía de cada idea componente de un argumento completo. Una puede ser cierta y otra falsa, y corregir la falsa no supone oponerse al discurso y menos defender la idea opuesta o la pertenencia al bando que defiende la contraria.

No puedo evitarlo. No puedo dejar de rascarme cuando oigo o leo algo que no es verdad sostenido como cierto. Y más si se usa como fundamento para construir una argumentación dogmática. Me pasa con los datos exagerados sobre la ocupación de casas ajenas, las mentiras sobre el crecimiento de la criminalidad y al inseguridad ciudadana provocado por la inmigración ilegal, con la amenaza de recortes a derechos fundamentales si llega algún día a formar parte de los gobiernos la ultraderecha, y en general con los datos esgrimidos de manera tergiversada para presentarme la realidad de manera que me afecte y me enfade..

No es una cuestión de estar de un lado o de otro. Mi TOC es con la necesidad de verdad, de rigor... Y puede que también tenga que ver con un cierto sentido de justicia, pero sobre todo con mi rechazo visceral a que se me trate de manipular como si fuera idiota.

Y ya.

jueves, 27 de agosto de 2026

LA METAPOLARIZACIÓN

Polarización: Consecuencia de la espiral de auto convencimiento que nace de relacionarse solo con los que piensan como tú y que consiste en extremar los posicionamientos, incluso más allá de lo que a título individual se habría llegado, por la fuerza de la radicalización que conlleva el grupo.

o bien..

Histórico posicionamiento extremo que en los 80 mantuvo enfrentados a los partidarios de Frigo contra los de Camy (Vease "Controversia Colajet vs Dracula") y de la que salió fortalecida Avidesa con sus Flashes.

La que se prefiera de las dos...

..y el que elija una estará contra los que hayan elegido la otra.

Y ya.

jueves, 14 de mayo de 2026

ERÍSTICA

El pasado día 16 don José Luis Bayeu Ramírez revalidó su título nacional de Diálogo Falaz en la modalidad erística demostrando una vez más que las viejas fórmulas siguen funcionando.

Para lograrlo el vigente campeón se encastilló en su técnica preferida consistente en abandonar muy pronto el tema de la conversación para centrarse en cambiar el eje y el tono de la misma haciendo una afirmación ofensiva sin base alguna contra su interlocutor en lo que se ha considerado un uso magistral de una depurada utilización de la falacia ad personam, y luego repetirla hasta la nausea de modo que al oyente simple le termine pareciendo cierta de tanto oírla.

Ayudó a su éxito una doble circunstancia; Por un lado la otra persona que participaba en la conversación no fue consciente en ningún momento de estar en una competencia en la que uno tenía que ganar sino que antes bien pensaba que se trataba de una mera charla amistosa con un simple intercambio de pareceres. Por otro el público general estaba poblado mayoritariamente por idiotas que estaban dispuestos a caer en la trampa de creer como cierto lo que fuera si era repetido insistentemente un número suficiente de veces.

El campeón se ha venido especializando en la habilidad de desestabilizar mediante comentarios micro ofensivos para generar la incomodidad suficiente que haga perder las ganas de seguir en la conversación, logrando así ganar la batalla -que solo él lucha- por agotamiento del otro al que considera siempre un oponente a ganar no entendiendo el diálogo como otra cosa.


La técnica citada, o técnica de la rendición, en la que Don José Luis, tras años de práctica, se ha convertido en consumado experto, ha consistido una vez más en el presente campeonato (imaginario en su cabeza) en "atacar" usando algún tipo de argumento ofensivo o acusación en lugar de centrarse en el tema de fondo,.. y luego repetirlo machaconamente a lo largo del tiempo (incluso años) hasta que parezca que de tanto haberlo repetido suene cierta la afirmación emitida originariamente sin base. Para don José Luis el hecho de charlar por charlar, o llegar a alguna conclusión sobre el tema -o mejor aún a un acuerdo consensuado o incluso a la verdad de la cuestión tratada-, han vuelto a ser un año más aspectos tan secundarios que son incluso despreciables comparados con la sensación dulce de haberse vuelto a sentir por encima del otro al final.
No obstante don José Luis sabe que ha de estar vigilante y controlar la aparición de los primeros síntomas. La literatura médica ha referido casos, los más extremos, en los que el propio sujeto deja de ser consciente de la falsedad de su afirmación inicial de tanto oírselo a sí mismo llegando a creerse su propia mentira que nació inicialmente como mera ofensa para incomodar al interlocutor. Con frecuencia se logra además el convencimiento de los simples quienes llega un momento en que no dudan de su certeza de tanto haberlo oído. Máxime si no ha sido refutado por el atacado que ha pasado de entrar en ese juego.

Nota final 

(Extraido del vademecum de enfermedades mentales del departamento de Psiquiatría del Saint James Newport Hospital):

A pesar de ser una práctica sumamente extendida la psiquiatría moderna aconseja huir de las actitudes erísticas como muy dañinas para las relaciones interpersonales. La concepción de toda conversación mantenida sea con quien sea, como una competencia en la que hay que ganar es un síntoma de una debilidad de carácter necesitada de tratamiento psicológico en los casos más graves. Según los tratados psiquiátricos y los últimos estudios esa obsesión patológica por "vencer" y "quedar por encima" en cada mínimo diálogo convirtiendo la conversación más elemental en un concurso suele usar de las formas más manipuladoras y desconsideradas en las relaciones llevando a situaciones tensas. Recuérdese que al enfermo de erística le es rentable todo lo demás con tal de salir vencedor de cualquier charla por menor que sea el tema tratado.

Y ya.

martes, 10 de marzo de 2026

CHARLATANERÍA HOMEOPÁTICA

 

La más repugnante de las formas de intentar manipular a alguien es la de la presunción de la homeopatía de las ideas. Y lo es por inmoral, como toda forma de manipulación, pero sobre todo por lo que supone de considerar al interlocutor tan idiota como para caer en esa manipulación tan burda. Más por el insulto a la inteligencia que por el fondo de la cuestión en cada caso.

La técnica consiste en exponer el argumento desde la premisa de que si alguien piensa algo (opina, se manifiesta en un sentido, expresa conformidad..) de manera automática se puede entender que el sujeto está de acuerdo con otra idea no expresada y la defiende.
..Y a partir de ahí, en cascada de bajo nivel intelectual, derivar múltiples consecuencias que el manipulador entiende conexiones lógicas de pensar lo primero y lo da por hecho.
..Y ya desde ese punto asumir evidentemente todo el pack completo: pertenencia al grupo que lo defiende, enemistad con el que opina lo contrario, falta de compromiso si no opinas lo mismo que el interlocutor-manipulador, tibieza si no estás tan enfadado como él, etc.

Se trata de la vieja falacia de la presunción por conexión, la extraña teoría de que las ideas se contagian entre si, se comunican por un extraño contacto y se contaminan entre ellas.

Verbi gratia

"Si muestras en público tu indignación porque se concedan con facilidad terceros grados a etarras a los que les quedaba mucho de cumplimiento de condena... es que eres un facha de cuidado que apoya el terrorismo de estado, la tortura y la violación de los derechos humanos."

"Si estás de acuerdo con que Pedro Sánchez no permita a Trump usar bases en territorio español a aviones que bombardean Irán por considera esta acción de guerra contraria al derecho internacional.... defiendes a Irán y estás de acuerdo con que masacre a su población civil."

La verdad es que la estructura de la falacia no está muy currada y es bastante elemental e infantil. Es ofensiva para el interlocutor objeto del intento de manipulación porque es tan simple que demuestra que se le tiene por imbécil. Y eso no.

Y ya.

domingo, 18 de enero de 2026

S.I.R.I.

 

El D.I.N.S. (Departamento de Inventarse Nombres y Siglas) de la facultad de Psicología de Tubinga (Institución inventada y bautizada por ella misma en ejercicio de sus funciones ficticias) ha conseguido el reconocimiento e inclusión en el catálogo de patologías absurdas que mantiene el O.V.I.S.M.E.I. (Observatorio de Vigilancia de Salud Mental del Estado de Illinois) -ver nota anterior- el S.I.R.I. (SÍNDROME IRRACIONAL DE RECHAZO INMEDIATO), qué, como todo lo anterior, es una enfermedad que me estoy inventando evidentemente sobre la marcha, pero que creo que a nivel práctico y para andar por casa describe de manera gráfica un conjunto de actitudes con las que nos encontramos con frecuencia en las realidades humanas.

El citado síndrome, tal como consta en el Vademécum Internacional 2025 (qué os voy a contar a estas alturas que no sepáis), consistiría según este organismo en el posicionamiento contrario a lo que el interlocutor sostenga sea lo que sea y sin ninguna lógica solo porque sí (o mejor dicho porque no).

El mecanismo mental funciona de la siguiente manera (Seguro que el lector lo reconoce):
A sostiene algo
B, sin haberle dedicado ni una mínima pensada de medio segundo, ya parte de la postura contraria -En la mayor parte de las ocasiones incluso antes de que A llegue a expresar lo que va a decir siquiera- y hace todos los esfuerzos necesarios para poner de manifiesto tal desacuerdo de manera visceral e incluso agresiva en muchos casos o simplemente sarcástica en otros, pero en todos los casos con la clara intención de quedar por encima de A e incluso de dejarlo en ridículo ante la eventual audiencia..

Se ha venido a denominar SIRIN la medida de tiempo infinitesimalmente pequeño en que este posicionamiento contrario se instala en el cerebro de B tras la expresión de su postura por A. Equivaldría a 0,000000001 micronésimas de segundo.

La psicología estudia las causas de tal fenómeno habiendo aislado hasta la fecha las siguientes:

1) Complejo de superioridad de B respecto a A que le hace partir de que este siempre va a estar equivocado y genera el efecto psicológico engañoso de crear en realidad su postura por contraposición después de conocer la primera aunque se engaña creyendo que ya pensaba así antes.
2% de los casos estudiados.

2) Manía (Llámalo Animadversión, Asco, Rencor reprimido hasta esa explosión por algún motivo, Odio en el peor de los casos):"Lo que va a decir o lo que ha dicho este gilipollas por fuerza tiene que ser lo contrario de lo que yo pienso porque este tío es imbécil y por tanto no podemos coincidir en nada, ¡menudo subnormal!".
1% de los casos estudiados

3) Necesidad enfermiza de refuerzo de la autoconfianza debilitada
3% de los casos estudiados.

4) 
Condescendencia (Casi paternalismo) de quien se apiada del otro, le perdona y le deja vivir a pesar de estar errado en todo porque su existencia le entretiene o no le estorba mucho. Esta postura se reconoce por su carácter didáctico que lleva a B a explicar a A, a veces hasta situar al condescendiente en el ridículo, el porqué de su error y a tratar de salvarle del mismo atrayéndole hacia "la verdad y el lado correcto".
1% de los casos estudiados.

5) Motivación lúdica; como mero juego, por divertirse humillando al otro. Quien se encuentra en esta situación parte de toda conversación por menor que sea como competición para ganar y con su actitud trata de demostrar su victoria. Le da igual creer o no de verdad en su argumento, lo importante no es esto sino derribar los del oponente. Puede aunque a veces incluso piense lo mismo que el interlocutor pero ha de demostrar su capacidad de persuasión y argumentación con esto. Se lo plantea como reto. No cree en la búsqueda de la verdad sino en la derrota del otro.
1% de los casos estudiados.

6) Ganas de tocar los huevos.
12% de los casos estudiados. 

7) Todas las anteriores juntas.
80% de los casos estudiados.

Nota: Si se ha visto el lector en la necesidad de sumar los porcentajes para comprobar si el cálculo estaba hecho correctamente para corregir eventualmente al autor seguramente sufra de S.I.R.I. y haya de hacérselo mirar.

Y ya.

lunes, 29 de diciembre de 2025

NADA NUEVO BAJO EL SOL

Conmigo, o contra mí
-Arturo Pérez-Reverte-

XLSemanal - 02/9/2013

Un lector me preguntó el otro día por mi escepticismo político: mi falta de fe en el futuro y mi despego de esta casta parásita que nos gobierna, sólo comparable a la desconfianza que siento hacia nosotros los gobernados: sin víctimas fáciles no hay verdugos impunes. Siempre sostuve, porque así me lo dijeron de niño, que los únicos antídotos contra la estupidez y la barbarie son la educación y la cultura. Que, incluso con urnas, nunca hay democracia sin votantes cultos y lúcidos. Y que los pueblos analfabetos nunca serán libres, pues su ignorancia y su abulia política los convierten en borregos propicios a cualquier esquilador astuto, a cualquier lobo hambriento, a cualquier manipulador malvado. También en torpes animales peligrosos para sí mismos. En lamentables suicidas sociales.

Hace dos largas décadas que escribo en esta página. También, en los últimos dos años, Twitter me ha permitido acercarme a lo más caliente de nuestro modo de respirar. Y no puedo decir que sea confortable. Inquieta el lugar en que una parte de los lectores españoles se sitúan: lo airado de sus reacciones, el odio sectario, la violenta simpleza -rara vez hay argumentos serios- que a menudo llegan a un desolador extremo de estolidez, cuando no de infamia y vileza. Cualquier asunto polémico se transforma en el acto, no en debate razonado, sino en un pugilato visceral del que está ausente, no ya el rigor, sino el más elemental sentido común.

Destaca, significativa, la necesidad de encasillar. Si usted opina, por ejemplo, que a Manuel Azaña se le fue la República de las manos, no encontrará criterios serenos que comenten por qué se le fue o no se le fue, sino airadas reacciones que, tras mencionar el burdo lugar común de Hitler y Mussolini, acusarán al opinante de profranquista y antidemócrata. Y si, por poner otro ejemplo, menciona el papel que la Iglesia Católica tuvo en la represión de las libertades durante los últimos tres siglos de la historia de España, abundarán las voces calificándolo en el acto de anticatólico y progre de salón. Pondré un ejemplo personal: una vez, al ser interrogado sobre mi ideología, respondí que yo no tengo ideología porque tengo biblioteca. No pueden ustedes imaginar cómo llovieron, en el acto, las violentas acusaciones de que escurría el bulto «y no me mojaba». Y es que en España parece inconcebible que alguien no milite en algo y, en consecuencia, no odie cuanto quede fuera del territorio delimitado por ese algo. Reconocer un mérito al adversario es para nosotros impensable, como aceptar una crítica hacia algo propio. Porque se trata exactamente de eso: adversarios, bandos, sectas viscerales heredadas, asumidas sin análisis. Odios irreconciliables. Toda discrepancia te sitúa directamente en el bando enemigo. Sobre todo en materia de nacionalismos, religión o política, lo que no toleramos es la crítica, ni la independencia intelectual. O estás conmigo, o contra mí. O eres de mi gente -y mi gente es siempre la misma, como mi club de fútbol- o eres cómplice de la etiqueta que yo te ponga. Y cuanto digas queda automáticamente descalificado porque es agresión. Provocación. Crimen.
Qué fácil resulta entender, así, nuestra despiadada Guerra Civil. Si ahora no se dan delaciones y paseos por las cunetas, es sencillamente porque ya no se puede. Pero las ganas, el impulso, siguen ahí. Me pregunto muchas veces de dónde viene esa vileza, esa ansia de ver al adversario no vencido o convencido, sino exterminado. La falta de cultura no basta para explicarlo, pues otros pueblos tan incultos y maleducados como nosotros se respetan a sí mismos. Quizá esa Historia que casi nadie enseña en los colegios pueda explicarlo: ocho siglos de moros y cristianos, el peso de la Inquisición con sus delaciones y envidias, la infame calidad moral de reyes y gobernantes. Pero no estoy seguro. Esa saña que lo mismo se manifiesta en una discusión política que entre cuñados y hermanos en una cena de Navidad es tan española, tan nuestra, que me pregunto quién nos metió en la sangre su cochina simiente. Desde ese punto de vista, el español es por naturaleza un perfecto hijo de puta. Por eso necesitamos tanto lo que no tenemos: gobernantes lúcidos, sabios sin complejos que hablen a los españoles mirándonos a los ojos, sin mentir sobre nuestra naturaleza y asumiendo el coste político que eso significa. Dispuestos a decir: «Preparemos al niño español para que se defienda de sí mismo. Eduquémoslo para que conviva con el hijo de puta que siglos de reyes, obispos, mediocridad, envidia, corrupción, violencia, injusticia, le metieron dentro». 

Y ya.